Michel Sauval - Psicoanalista Jacques Lacan, Seminario "La angustia", Lectura y comentarios de Michel Sauval

Notas y comentarios
Sesión del 14 de noviembre de 1962

Algunas referencias a la angustia en el seminario sobre la Identificación (1961 - 1962)

Lacan comienza su seminario sobre la angustia diciendo que esta "es muy precisamente el punto de cita donde les espera todo lo que venía siendo en mi discurso anterior" (ver notas y comentarios).
Reseñamos a continuación algunas de las referencias a la angustia en el seminario 9 (1961 - 1962) sobre la Identificación.

Encontramos una primera discusión sobre el problema de la angustia al final de la sesión del 28 de marzo de 1962, en el contexto de un debate con Ernest Jones sobre la función de la llamada "afanisis del deseo" en el complejo de castración, ya que para Jones, esa afanisis es la fuente de la angustia en dicho complejo. Allí Lacan recuerda que "la angustia, si se produce, no es nunca ante la desaparición del deseo, sino del objeto que disimula, de la verdad del deseo, o aún si ustedes quieren de lo que no sabemos del deseo del Otro (...) no olvidar que toda angustia es angustia de nada, en tanto que es de la nada, quizás, que el sujeto debe precaverse (se rembarder), lo que quiere decir que por un tiempo se trata para él de la mejor hipótesis: nada puede ser de temer" (1). Para Lacan, "el deseo se construye sobre el camino de una pregunta que lo amenaza, y que es del dominio del no ser".

En la sesión siguiente, del 4 de abril de 1962, Lacan anunciará que el tema del seminario siguiente será la angustia (2). Entre una sesión y otra parecen haber mediado unas jornadas (xx) de la Sociedad Francesa de Psicoanálisis (a la que suele referirse como "la Sociedad que llaman provincial"), donde se han presentado informes sobre la angustia, situación que lo convoca, a él, a hablar del tema. Lo hace ordenando las referencias al Otro, al goce y al deseo, del siguiente modo. El goce de la Cosa está interdicto en su acceso fundamental, y es en esa suspensión que se encuentra el punto de apoyo donde va a constituirse y sostenerse el deseo. El Otro se presenta como metáfora de esa interdicción: "decir que el Otro es la ley o que es el goce en tanto que interdicto, es lo mismo (...) puesto que no hay Otro del Otro, nada que garantice la verdad de la ley, el único Otro real sería aquello de lo que se podría gozar sin la ley. Esa virtualidad define al Otro como lugar. La Cosa, en suma, elidida, reducida a su lugar, he ahí el Otro con O mayúscula" (3)

Y es en ese punto que llega la referencia a la angustia, en tanto pasa por el deseo del Otro. Veamos cómo.
La raíz de menos uno (
Ö-1) por la raiz de menos uno (Ö-1), "el producto de mi deseo por el deseo del Otro, no puede sino dar una falta (manque), menos uno (-1), la ausencia (défaut) del sujeto en ese punto preciso". En otros términos, "no puede haber ningún acuerdo, ningún contrato sobre el plano del deseo". Por lo tanto, la realización del deseo no puede significar sino "ser el instrumento, servir el deseo del Otro". Ahora bien, "no está excluido que encuentren, como tal, al deseo del Otro, del Otro real tal como lo acabo de definir. Es en ese punto que nace la angustia" (4). Esta esta es su definición: "la angustia es la sensación del deseo del Otro" (5) Y para ilustrar esto presenta el apólogo de la mantis religiosa (ver las referencias a la mantis religiosa y, particularmente, los comentarios sobre las referencias en esta sesión)

Lacan analiza el funcionamiento del complejo de castración en el hombre y en la mujer, para subrayar el impasse del fin de análisis en la medida en que no logra salir del círculo de la demanda, en la medida en que ese fin concluye sobre "esa forma reivindicatoria, esa forma insaciable, unendliche, que Freud en su último articulo, 'Análisis terminable e interminable', designa como angustia no resuelta de la castración en el hombre, y como penisneid en la mujer" (7) La solución a la relación del sujeto con el deseo, en su fondo radical, se plantea así: "ya que de demanda se trata, y que se trata de definir el deseo, entonces, digámoslo groseramente, el sujeto demanda el falo y el falo desea. Es tan tonto como eso" (8). El falo es el medium que permite pasar de la demanda al deseo: "No conozco el deseo del Otro, angustia. Pero conozco el instrumento, el falo, y no importa quien yo sea, estoy solicitado a pasar por ahí y no hacer historias" (6).

Esa relación del sujeto al falo es esencialmente identificatoria, y "si hay alguna cosa que efectivamente puede provocar ese surgimiento de angustia ligado al temor de una pérdida, es el falo (...) no hay temor de la afanisis, hay temor de perder el falo, porque solo el falo puede dar su campo propio al deseo (...) Uno no se defiende contra la angustia como tampoco hay temor de la afanisis. La angustia está en el inicio de la defensa, pero uno no se defiende de la angustia" (9). Y si la angustia puede devenir un signo, entonces, en tanto tal (en tanto signo), ya no es la misma cosa: "si el sujeto se envía a si mismo signos de angustia, es, manifiestamente, para que sea mas alegre. Pero no es de ahí que podemos partir para definir la función de la angustia" (10).

En la sesión siguiente, del 11 de abril de 1962, vuelve a sumergirse en la topología. Pero antes retoma un poco el tema de la angustia porque alguien le dijo que lo que habría dicho, en la sesión anterior, sobre la angustia como deseo del Otro recubriría lo que dice Kierkegaard en el ejemplo de la jovencita en el momento en que, por primera vez, percibe que la desean (11). Para Lacan es eso y algo mas, del mismo modo que cuando uno repite algo que dijo no es lo mismo decirlo que repetirlo. "El caso planteado por Kierkegaard es algo totalmente particular y que, como tal, oscurece, antes que iluminar, el sentido verdadero de la fórmula de la angustia y el deseo del Otro con A mayúscula. Es posible que ese Otro se encarne para la jovencita en un momento de su existencia en algún vago (galvaudeux). Esto no tiene nada que ver con la cuestión que planteé la última vez, y con la introducción del deseo del Otro como tal para decir que la angustia, mas exactamente, la angustia es la sensación de ese deseo" (12)

El tema de la angustia reaparece en la sesión del 2 de mayo de 1962, con una exposición de Piera Aulagnier titulada "Angustia e identificación", y en las intervenciones del auditorio en el debate subsiguiente. Ahí nos reencontramos con Lacan, quien resulta bastante lapidario respecto de esa intervención: "un discurso que me parece quedarse a mitad de camino", "retorna a fórmulas contra las que los he advertido, los he puesto en guardia" (13), por ejemplo, la idea de una antinomia de la palabra con el afecto. "Ningún afecto significativo, ninguno de aquéllos con los que tenemos que vérnosla, de la angustia a la cólera, y todos los otros, no puede siquiera comenzar a ser comprendido si no es en una referencia en la que la relación de x al significante esté primero" (14) Justamente, si hay dificultad para hablar del sujeto (y por ende de los afectos del sujeto), es que el sujeto no es mas que "la consecuencia de que hay significante", y que el nacimiento del sujeto se sostiene de que "no puede pensarse sino como excluido del significante que lo determina", punto en el que patina P. Aulagnier, ya que reintroduce en la dimensión del sujeto a la persona, "con toda la dignidad subsiguiente" (15). P. Aulagnier pone el acento en algo que existiría, heterogéneo y que "no puede ser dicho". Para Lacan en cambio, el punto de partida es hay "dicho" y hay "pudiendo ser dicho". Cuando faltan palabras no es tanto porque "no puede ser dicho" sino porque no se puede designar a quien habla. De hecho, la angustia comienza en el momento en que falta la imagen i(a).

Los desarrollos topológicos van conduciendo a Lacan a precisar el estatuto del objeto a a partir del doble corte en el cross-cap, en la última sesión, del 27 de junio de 1962. Ese doble corte, que da el 8 interior, ubica el punto j a partir del cual $ y a "se presentan como idénticos al modo del reverso y el derecho", y "el esquema mental de una identificación original" (16). El objeto a es definido, "en una perspectiva propiamente lógica", como "el objeto de la castración": "es justamente en tanto hay una estructura subjetiva que gira alrededor de un tipo de corte - el que les he representado así [dibujo del ocho interior] - que está en el corazón de la identificación fantasmática este objeto organizador, este objeto inductor. Y no podría ser de otro modo de todo el mundo de la angustia que tenemos que afrontar, que es el objeto definido como objeto de la castración" (17), de una castración constitutiva del sujeto.
"Es en el punto en que toda significancia falla (fait défaut), se abole, en el punto nodal llamado "el deseo del Otro, el punto llamado fálico, en tanto que significa la abolición como tal de toda significancia, que el objeto a, objeto de la castración, viene a tomar su lugar" (
18). Tiene por lo tanto una relación con el significante pero, justamente, en tanto el significante no es un signo, a diferencia de cómo la ambigüedad del atributo aristotélico pretende naturalizarlo, volverlo un signo natural.

Este objeto, como objeto parcial, es el que designa el punto de la represión por el hecho de su pérdida: "no hay nada que pese en el mundo verdaderamente que lo que hace alusión a este objeto, del cual el Otro, con O, toma su lugar para darle sentido. Toda metáfora, incluida la del síntoma, busca hacer surgir este objeto en la significación, pero todo el pulular de sentido que pueda generar no alcanza a taponar aquello de lo que se trata en ese agujero de una pérdida central" (19).

En la única ruta que tenemos para percibir la incidencia del objeto a, encontramos, primero, "la marca de la ocultación del Otro bajo el mismo deseo": "a puede ser abordado por esta vía que es lo que el Otro, con O, desea en el sujeto desfalleciente, en el fantasma, el S barrado (...) Es del lado del Otro que el pequeño a viene a luz, no tanto como falta que como a ser. Es por lo que llegamos a plantear aquí la pregunta por su relación con la Cosa, no Sache, sino lo que les he llamado das Ding" (20)
Es i(a) el que envuelve este acceso al objeto de la castración. Es decir, "es la imagen misma la que hace obstáculo en el espejo, o que mas bien, a la manera de lo que ocurre en los espejos oscuros (...) algo puede aparecer mas allá de la imagen que da el espejo claro" (
21) A modo de ejemplo, Lacan lee un fragmento de la segunda versión de "Thomas el oscuro", la primer novela de Maurice Blanchot. En ese fragmento el personaje de la novela se encuentra ante cada signo del libro que lee como el macho ante la mantis religiosa que va a devorarlo, se siente observado por una palabra como por un ser viviente, y no solo por una palabra sino por todas las palabras que hay en esa palabra, "como una serie de ángeles abriéndose al infinito hasta el ojo absoluto" (22) El deseo apunta a $<>a (S barrado corte de a): "A la pregunta "che vuoi?", el deseante es la respuesta, la respuesta que no designa el quien de "Quien quiere?" sino la respuesta del objeto. Lo que yo quiero en el fantasma determina el objeto de donde el deseante que contiene debe confesarse como deseante. Búsquenlo siempre, este deseante, en el seno de cualquier objeto de deseo" (23).

Este es, precisamente, el contexto en el que el problema es retomado en el seminario sobre la angustia: las "perturbaciones" en lo imaginario que causan la angustia y la estructura de esta con el mismo "marco" que el fantasma.

Notas

(1) Jacques Lacan, Séminaire L'Identification, Publication hors commerce de l'Association Freudienne Internacionale, page 216, traducción propia.

(2) Idem, página 222

(3) Idem, página 223

(4) Idem, página 224

(5) Idem, página 225

(6) Idem, página 226

(7) Idem, página 227

(8) Idem, página 229

(9) Idem, páginas 229/230

(10) Idem, página 230

(11) Idem, página 231

(12) Idem, página 232. La referencia de Kierkegaard se encuentra en "Diario de un seductor"

(13) Idem, página 272

(14) Idem, página 273. La versión en francés de la AFI dice "Auncun effet...", que se traduce como "Ningún efecto". La traducción al castellano disponible en la Escuela Freudiana de Buenos Aires dice, en cambio, "Ningún afecto...". La versión disponible en el sitio de Gaogoa también dice "affect". "Effet" y "affect" son casi homofónicos. No hay estenotipia de las 3 primeras sesiones de mayo de 1962 (por ende, de esta del 2 de mayo) a las cuales apelar, pero nos parece mas coherente suponer "afecto".

(15) Idem, página 274

(16) Idem, página 381

(17) Idem, página 385

(18) Idem, página 387

(19) Idem, página 391

(20) Idem

(21) Idem

(22) Idem, página 393

(23) Idem, página 394

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