Michel Sauval - Psicoanalista Jacques Lacan, Seminario "La angustia", Lectura y comentarios de Michel Sauval

Notas y comentarios
Sesión del 13 de marzo de 1963

Sexualidad femenina

Notas de lecturas de algunos textos de Freud

Ver también las notas y comentarios de lectura de las "Contribuciones a la psicología del amor"

1 - La organización genital infantil (1923)

En febrero de 1923, Freud redacta "La organización genital infantil", un agregado para los "Tres ensayos de una teoría sexual" (1). El punto que de este modo quiere corregir es el planteo de que "la unificación de las pulsiones parciales y su subordinación al primado de los genitales no son establecidos en la infancia, o lo son de manera muy incompleta" (2). Ahora Freud quiere subrayar que en la infancia, "el interés por los genitales y el quehacer genital cobran una significatividad dominante, que poco le va en zaga a la de la edad madura" (3). Lo que diferencia a esta "organización genital infantil" de la definitiva en el adulto es al mismo tiempo su "carácter principal" y consiste en que "para ambos sexos, solo desempeña un papel un genital, el masculino. Por lo tanto, no hay un primado genital, sino primado del falo" (4) (subrayados de Freud).

Los límites de este texto, como señala el propio Freud, radican en que solo podrá "describir estas constelaciones respecto del varoncito, carecemos de una intelección de los procesos correspondientes en la niña pequeña" (5).
Lo relevante en el caso del varón es que la falta de pene en la mujer es primeramente desmentida ("leugnen"), hasta que finalmente "es entendida como resultado de una castración" (
6). Freud subraya que "sólo puede apreciarse rectamente la significatividad del complejo de castración si a la vez se toma en cuenta su génesis en la fase del primado del falo" (7)

2 - El sepultamiento del complejo de Edipo (1924)

Escrito en los primeros meses de 1924, este artículo retoma y desenvuelve un planteo ya hecho en "El yo y el ello" (8), tendiente a precisar las diferencias en el desarrollo sexual de los varones y las niñas. Para ambos, el complejo de Edipo es considerado el fenómeno central de la sexualidad infantil, y cae "al fundamento a raíz de su fracaso, como resultado de su imposibilidad interna" (9)

En el caso del varón, la premisa fálica y la intelección de que la mujer es castrada pone fin a sus dos posibilidades de satisfacción, en la medida en que "ambas conllevan la pérdida del pene; una, la masculina, en calidad de castigo, y la otra, la femenina, como premisa" (10). Si la satisfacción amorosa puede costar el pene, surgirá un "conflicto entre el interés narcisista en esa parte del cuerpo y la investidura libidinosa de los objetos parentales" (11). En ese conflicto, triunfa habitualmente el primero de esos intereses, y el yo del niño se extraña del complejo de Edipo. ¿De qué modo? "Las investiduras de objeto son resignadas y sustituidas por identificación" (12). En suma, "el complejo de Edipo se va al fundamento a raíz de la amenaza de castración" (13)

¿Cómo transcurren las cosas en el caso de las niñas? Para Freud, para ellas también vale la organización fálica y el complejo de castración: "la exigencia feminista de igualdad entre los sexos no tiene aquí mucha vigencia, la diferencia morfológica tiene que exteriorizarse en diversidades del desarrollo psíquico. Parafraseando una sentencia de Napoleón, 'la anatomía es el destino' " (14). El clítoris es tomado en una comparación con el pene, y el menoscabo no es interpretado como un "carácter sexual", sino en función de la premisa fálica y como resultado de una castración.

En síntesis, "la niñita acepta la castración como un hecho consumado, mientras que el varoncito tiene miedo a la posibilidad de su consumación" (15), y esta es la diferencia que marca el decurso en cada caso ya que, "excluida la angustia de castración, está ausente también un poderoso motivo para instituir el superyó e interrumpir la organización genital infantil" (16). A diferencia del varón, para la niña pesará mucho más "el amedrentamiento externo que amenaza con la pérdida de ser amado" (17). La renuncia al pene no se soportará sin un intento de resarcimiento que, por la vía del deslizamiento del pene al hijo, conducirá el Edipo hacia un deseo, "alimentado por mucho tiempo", de recibir un hijo del padre: "ambos deseos, el de poseer un pene y el de recibir un hijo, permanecen en lo inconsciente, donde se conservan con fuerte investidura y contribuyen a preparar al ser femenino para su posterior papel sexual" (18)

3 - Algunas consecuencias psíquicas de la diferencia sexual anatómica (1925)

Este texto fue escrito en agosto de 1925, y leído por Anna Freud en el Congreso Internacional de Homburg, el 3 de diciembre del mismo año. En él se condensa la primera reformulación freudiana de la sexualidad femenina (anticipada, parcialmente, como acabamos de ver, en el texto sobre "El sepultamiento del complejo de Edipo"). Hasta entonces, la psicología del desarrollo sexual de la niña parecía ser simétrica a la del niño, como bien lo ilustran las citas reseñadas por Strachey en su presentación de este texto (19). Pero ya en el texto de 1915 "Sobre un caso de paranoia que contradice la teoría psicoanalítica" (20), aparece la importancia de la relación de la paciente con su madre, y en 1920, en "Pegan a un niño", reconoce que "la expectativa de que existiera un paralelo total era equivocada" (21). Para Strachey, "a partir de entonces el problema de la evolución sexual de la mujer no abandonó la mente de Freud" (22)

El problema que comienza a concitar la atención de Freud es el de la prehistoria del Edipo.

En el caso del varón, Freud ya había señalado que su actitud edípica "pertenece a la fase fálica y que se va al fundamento (sugrunde gehen) por la angustia de castración, o sea, por el interés narcisista hacia los genitales" (23). Y en la prehistoria de este complejo ubica la identificación tierna con el padre, el quehacer masturbatorio, y las fantasías primordiales.

Pero es para el caso de la niña para quien la prehistoria del Edipo adquiere particular relevancia, a punto tal que Freud llega a considerar al complejo de Edipo como una "formación secundaria" (24).

La zona genital (pene o clítoris) es descubierta en algún momento y no parece justificado atribuir un contenido psíquico a los primeros quehaceres del niño (o niña) con ella. El paso siguiente, en la fase fálica, "no es el enlace de este onanismo con las investiduras del objeto del complejo de Edipo, sino un descubrimiento grávido de consecuencias, circunscripto a la niña pequeña" (25). Se trata de las diferencias de tamaño entre el pene y el clitoris, que conducen a la niña a la "envidia del pene" (26). En efecto, a diferencia de las irresoluciones iniciales del varón, en el caso de la niña, "en el acto se forma su juicio y su decisión. Ha visto eso, sabe que no lo tiene y quiere tenerlo" (27).

Si en este punto sobreviniera en ella un proceso de "desmentida", el decurso de su sexualidad podría orientarse hacia el llamado "complejo de masculinidad de la mujer" (28), en el cual la niña "se rehusa a aceptar el hecho de su castración" (29), viéndose compelida en lo sucesivo, a actuar como si fuera un varón. La admisión de su herida narcisista, en cambio, da lugar a un "sentimiento de inferioridad".

Freud repasa algunas de las consecuencias de esta "envidia del pene". Luego de los celos y la fantasía onanista "pegan a un niño", señala el aflojamiento de los vínculos tiernos con la madre, "responsabilizada por esa falta de pene" (30). Pero el problema que Freud considera más relevante es la contradicción que resulta del hecho que "el despliegue de la feminidad tendría por condición la remoción de la sexualidad clitorídea" (31). Freud asocia la envidia del pene a una intensa contra-corriente opuesta al onanismo fálico, a punto tal que "muchas exteriorizaciones posteriores de la vida sexual en la mujer permanecerían incomprensibles si no se discerniera este intenso motivo" (32).

En suma, el conocimiento de la diferencia anatómica entre los sexos conminaría a la niña a apartarse del onanismo masculino y a buscar nuevas vías que lleven "al despliegue de la feminidad" (33). "La ecuación simbólica prefigurada pene = hijo" le ofrece una canal para resignar el deseo de un pene y sustituirlo por el de recibir un hijo, "y con este propósito toma al padre como objeto de amor" (34) (subrayado de Freud). De ese modo, la niña deviene "una pequeña mujer" (35). Y Freud agrega el siguiente comentario: "Si me es lícito creer en comprobaciones clínicas aisladas, en esta nueva situación puede llegar a tener sensaciones corporales que han de apreciarse como un prematuro despertar del aparato genital femenino" (36)

Resumiendo, entonces, entre los dos sexos se establece una oposición fundamental en cuanto al nexo entre los complejos de Edipo y castración: "mientras que el complejo de Edipo del varón se va al fundamento debido al complejo de castración, el de la niña es posibilitado e introducido por este último" (37) (todo subrayado por Freud). La diferencia anatómica se termina traduciendo como "distingo entre castración consumada y mera amenaza de castración" (38)

En la niña, entonces, "falta el motivo para la demolición del complejo de Edipo" (39), pues la castración ya produjo sus efectos antes, y es la que esfuerza a la niña hacia dicho complejo. Una de las consecuencias de lo cual es que, en las mujeres, "el superyó nunca deviene tan implacable, tan impersonal, tan independiente de sus orígenes afectivos como lo exigimos en el caso del varón" (40)

4 - Sobre la sexualidad femenina (1931)

La publicación de "Algunas consecuencias psíquicas ...." tuvo una importante repercusión y desató una controversia en torno a la sexualidad femenina. La oposición a Freud partió principalmente de la escuela inglesa y encontró una de sus principales expresiones en el trabajo crítico que Ernest Jones (41) presentó en el Congreso Internacional de Innsbruk en 1927. En este texto Freud recoge el guante del debate y analiza con más detalles la doble mudanza que, a su juicio, debe producirse en la mujer.

Por un lado, y tal como ya había sido postulado en 1905 en "Tres ensayos de teoría sexual" (42), ella debe "resignar la zona genital originariamente rectora, el clítoris, por una nueva, la vagina" (43). Por el otro, debe agregarse "el trueque del objeto madre originario por el padre" (44). En otros términos, la prehistoria del Edipo plantea la pregunta por los avatares de la relación de la niña con su madre, en particular, en los casos que permanecieran "atascados en la ligazón-madre originaria y nunca produjeran una vuelta cabal hacia el varón" (45). La fase preedípica de la mujer adquiere una nueva significación, desplazando al complejo de Edipo de su carácter de "núcleo de la neurosis" al nivel de una "formación secundaria".

Pero el ámbito de esa primera ligazón-madre le parece a Freud "tan difícil de asir analíticamente, tan antigua, vagaroso, apenas reanimable, como si hubiera sucumbido a una represión particularmente despiadada", que apela a las investigaciones que vienen llevando adelante analistas mujeres (menciona a J. Lampl-de Groot y H. Deutsch, a cuyos trabajos volverá a referirse en el último punto de este artículo). La bisexualidad resalta más nítidamente en la mujer que el hombre, ya que dispone de dos órganos genésicos, "la vagina, propiamente femenina, y el clitoris, análogo al miembro viril" (46). Pero, a diferencia de quienes "hacen remontar mociones vaginales" a la primera infancia, para Freud, "durante muchos años la vagina es como si no estuviese, y acaso sólo en la época de la pubertad proporciona sensaciones": "la vida sexual de la mujer se descompone por regla general en dos fases, de las cuales la primera tiene carácter masculino, solo la segunda es específicamente femenina" (47).

Este transporte de una fase a otra (que carece de análogo en el varón) se plantea también respecto del objeto de amor. "También en el caso de la mujer tiene que ser la madre el primer objeto (...) Pero al final del desarrollo el varón-padre debe haber devenido el nuevo objeto de amor; vale decir, al cambio de vía sexual de la mujer tiene que corresponder un cambio de vía en el sexo del objeto" (48). Y las preguntas que se plantean en este texto apuntan a "los caminos que sigue esta migración, el grado de radicalidad o de inacabamiento con que se cumple, y las diversas posibilidades que se presentan a raíz de este desarrollo" (49)

La principal diferencia que se plantea entre el varón y la niña radica en los efectos diversos del complejo de castración en cada caso.
La niña reconoce el hecho de su castración, y de la actitud bi-escindida que resulta entre esta aceptación y la correspondiente revuelta, derivan tres orientaciones para su desarrollo. "La primera lleva al universal extrañamiento respecto de la sexualidad (...) renuncia de la niña a su quehacer fálico y, con él a la sexualidad en general" (
50). La segunda, en cambio, "en porfiada autoafirmación, retiene la masculinidad amenazada" (51). La esperanza de tener alguna vez un pene perdura así como la fantasía de ser un varón a pesar de todo. Este "complejo de masculinidad" puede conducir a la elección de objeto homosexual.
Finalmente, según Freud, "sólo un tercer desarrollo, que implica sin duda rodeos, desemboca en la final configuración femenina que toma al padre como objeto y así halla la forma femenina del complejo de Edipo" (
52), cuya característica es que no es destruido por el influjo de la castración sino creado por él, con las correspondientes consecuencias en cuanto a la conformación ulterior del superyó.

Lo que reclama mayor análisis, entonces, es la fase de ligazón-madre exclusiva (que puede llamarse preedípica) ya que reclama una significación mayor en la mujer que en el varón. Según Freud, "muchos fenómenos de la vida sexual femenina, mal comprendidos antes, hayan su esclarecimiento pleno si se los reconduce a ella" (53). Por ejemplo, el hecho de que aunque el marido haya sido elegido según el modelo del padre, repitan con él la mala relación con la madre. De hecho, "el endoso de ligazones afectivas del objeto-madre al objeto-padre constituye (...) el contenido principal del desarrollo que lleva hasta la feminidad" (54)
El complejo de castración brinda también el motivo más específico de extrañamiento respecto de la madre: "el reproche de no haberla dotado de un genital correcto, vale decir, de haberla parido mujer" (
55)

La consideración de esta fase preedipica plantea la pregunta por la naturaleza de las metas sexuales de la ligazón-madre exclusiva. Según Freud, las mismas son "tanto activa como pasiva, y están comandadas por las fases libidinales que atraviesan los niños" (56) (es decir, orales, sádicas, etc.). En particular, Freud señala que el juego con las muñecas es una instancia en que la niña cumple deseos activos en forma indirecta, "donde ella figura a la madre como la muñeca al nene" (57) (es decir, donde reproduce el trato de la madre con ella, antes que cualquier fantasía propiamente edípica).

El quehacer sexual de esta época "culmina en la masturbación en el clítoris, a raíz de la cual es probable que sea representada la madre", pero según Freud, "mi experiencia no me permite colegir si lleva a la niña a representarse una meta sexual, ni cuál sería esta. Tal meta sólo puede discernirse con claridad cuando todos los intereses de la niña reciben una nueva impulsión por la llegada de un hermanito. La niña pequeña quiere haber sido la madre de este nuevo niño" (58). Las aspiraciones activas son "afectadas con mayor intensidad por la frustración (denegación)", y aunque tampoco faltarán "desengaños del lado de las aspiraciones pasivas" (59), el transito al objeto-padre se cumple con la ayuda de estas últimas en la medida en que "han escapado al ímpetu subvirtiente (Umsturz)" (60)

En suma, más allá de la esperanza en que algún día la bioquímica pueda ofrecernos "una sustancia cuya presencia provoque la excitación masculina y otra que provoque la femenina", "el psicoanálisis nos enseña a contar con una única libido, que a su vez conoce metas - y por tanto modalidades de satisfacción - activas y pasivas" (61)

Finalmente, y como lo señaláramos más arriba, el último punto del artículo está destinado a polemizar y marcar acuerdos y desacuerdos con los trabajos de otros autores, surgidos como reacción a su artículo anterior, de 1925, "Algunas consecuencias psíquicas de la diferencia sexual anatómica".
En primer lugar, rescata la descripción de Abraham (
62) de las manifestaciones del complejo de castración en la mujer, aunque lamenta su insuficiencia en cuanto al factor de "la ligazón-madre inicial y exclusiva"
Luego marca su acuerdo con los puntos esenciales del "importante trabajo de Jeanne Lampl-de Groot" (
63), señalando en particular la fórmula que este acuña en cuanto a que "la niña atraviesa una fase de complejo de Edipo "negativo" antes que pueda ingresar en el positivo" (64). Pero considera una limitación de dicho trabajo que que ahí se plantee el extrañamiento de la madre como un mero cambio de vía del objeto sin considerar los signos de hostilidad, la cual encontraría, en cambio, una "apreciación cabal", en el último ensayo de Hélène Deutsch (65) (clara opositora de Karen Horney) sobre el masoquismo femenino y su relación con la frigidez.

El comentario sobre las dificultades que señala Fenichel (66) para diferenciar "lo que corresponde al contenido intacto de la fase preedípica y lo que de ella ha sido desfigurado regresivamente" (67) le da pie para discrepar con el "desplazamiento hacia atrás" del complejo de Edipo propuesto por Melanie Klein (68). Para Freud, la ubicación que hace Klein del mismo al comienzo del segundo año de vida "no coincide de hecho con los resultados de análisis de adultos y es incompatible, en particular, con mis descubrimientos acerca de la larga duración de la ligazón-madre preedípica de la niña" (69).

Tampoco acuerda con Karen Horney (70), quien considera la primaria envidia del pene de la niña como una formación secundaria destinada a "defenderse de las mociones femeninas, en especial de la ligazón femenina con el padre" (71). Para Freud, ¿de donde obtendría su fuerza "la defensa contra la feminidad" si no es de "la aspiración a la masculinidad que ha hallado sus primeras expresiones en la envidia del pene"? (72)

Similar objeción opone Freud a la idea de Jones (73) de que la fase fálica de la niña sea "una protección secundaria antes que un estadio real del desarrollo", ya que eso "no responde ni a las constelaciones dinámicas ni a las temporales" (74)

5 - 33º Conferencia. La feminidad (1933)

Este artículo repasa los trabajos de 1925 ("Algunas consecuencias...") y 1931 ("Sobre la sexualidad femenina"), completándolos con una serie de comentarios sobre la sexualidad de la mujer adulta.

Freud retoma a partir de la hipótesis de la bisexualidad, es decir, de una situación en la que "el individuo no fuera varón o mujer, sino ambas cosas en cada caso, solo que más lo uno que lo otro", de modo que "la proporción en que lo masculino y lo femenino se mezclan en el individuo sufre oscilaciones muy notables" (75). Para Freud, "aquello que constituye la masculinidad o la feminidad es un carácter desconocido que la anatomía no puede aprehender" (76). Y la pregunta que se plantea entonces es qué podría aportar la psicología

Una primera referencia es la oposición activo pasivo. Pero la misma se revela rápidamente insuficiente, como lo demuestran, entre otras circunstancias, las paradojas respecto al masoquismo. La vía que propone Freud, entonces, no es la de "describir qué es la mujer", sino la de "indagar cómo deviene, como se desarrolla la mujer a partir del niño de disposición bisexual" (77). En esa vía, y como ya lo señalamos antes, el desarrollo de la niña "incluye dos tareas adicionales que no tienen correlato alguno en el desarrollo del varón" (78)

Los dos sexos parecen recorrer de igual modo las primeras fases del desarrollo libidinal. Freud lo ejemplifica tanto para la fase sádico-anal, en la que "los impulsos agresivos de las niñas no dejan nada que desear en materia de diversidad y violencia", como en la fase fálica, en la que parece que "todos los actos onanistas tuviera por teatro este equivalente del pene [el clítoris], y que la vagina, genuinamente femenina, fuera todavía algo no descubierto para ambos sexos" (79).

Freud subraya que las "sensaciones vaginales" a las que se refieren "algunas voces aisladas" (80), no parecen poder distinguirse de "sensaciones en el ano o el vestíbulo, en ningún caso pueden desempeñar gran papel" (81). Para Freud, "en la fase fálica de la niña el clítoris es la zona erógena rectora. Pero no está destinada a seguir siéndolo; con la vuelta hacia la feminidad el clítoris debe ceder, en todo o en parte, a la vagina, su sensibilidad y con ella su valor, y esta sería una de los tareas que el desarrollo de la mujer tiene que solucionar" (82)

La otra tarea es la mudanza de objeto. También para la niña la madre es el primer objeto puesto que "las primeras investiduras de objeto se producen por apuntalamiento en la satisfacción de las grandes y simples necesidades vitales, y las circunstancias de la crianza son las mismas para los dos sexos" (83).

La pregunta entonces es "cómo pasa la niña de la madre a la ligazón con el padre o, con otras palabras, de su fase masculina a la femenina, que es su destino biológico" (84). Todo sería mucho más sencillo, como lo reconoce el propio Freud, "si estuvíeramos autorizados a suponer que a partir de determinada edad rige el influjo elemental de la atracción recíproca entre los sexos" (85). Pero tal solución no parece existir. La ligazón de la niña con la madre dura, en muchos casos, "hasta pasado el cuarto año" y "casi todo lo que más tarde hallamos en el vínculo con el padre preexistió en ella y fue transferido de ahí al padre". En síntesis, para Freud "no se puede comprender a la mujer si no se pondera esta fase de la ligazón-madre preedipica" (subrayado Freud) (86)

Los vínculos libidinales de la niña con la madre atraviesan las tres fases de la sexualidad infantil (oral, sádico-anal, y fálica) y van cobrando los caracteres de cada una de ellas. Pero, finalmente, "¿a raíz de qué, pues, se va a pique (se va al fundamento) esta potenteo ligazón-madre de la niña?" (87). Freud señala que este "extrañamiento respecto de la madre se produce bajo el signo de la hostilidad, la ligazón-madre acaba en odio. Ese odio puede ser muy notable y perdurar toda la vida" (88). La serie de los reproches hacia la madre acompaña todas las posibles instancias de denegación, desde la lactancia hasta la prohibición del onanismo, y podría suponerse que estos serían motivos suficientes para fundar ese extrañamiento de la niña respecto a la madre, si no fuera porque serían igualmente válidos para el varón.

El factor específico reside en el complejo de castración, a partir del cual se interpreta la diferencia anatómica sexual. Entonces la niña "cae presa de la envidia del pene, que deja huellas imborrables en su desarrollo y en la formación de su caracter, y aún en el caso más favorable no se superará sin un serio gasto psíquico" (89). Para Freud, "la importancia de la envidia del pene es indudable" (90) y no acuerda con quienes buscan "rebajar el valor de esta primera oleada" y la consideran una "formación secundaria producida en oportunidad de conflictos posteriores por vía de regesión a aquella primera moción de la infancia" (91)

"El descubrimiento de su castración es un punto de viraje en el desarrollo de la niña. De ahi parten tres orientaciones de desarrollo: una lleva a la inhibición sexual o a la neurosis; la siguiente a la alteración del caracter en el sentido de un complejo de masculinidad, y la tercera, por fin, a la feminidad normal" (92)

El contenido principal de la primera consiste en que el goce de su sexualidad fálica resulta estropeado por el influjo de la envidia del pene. La niña "renuncia a la satisfacción masturbatoria en el clítoris, desestima su amor por la madre y entonces, no es raro que reprima una buena parte de sus propias aspiraciones sexuales" (93).
Aquí Freud agrega un señalamiento importante: "su amor se había dirigido a la madre fálica; con el descubrimiento de que la madre es castrada se vuelve posible abandonarla como objeto de amor, de suerte que pasan a prevalecer los motivos de hostilidad que durante largo tiempo se habían ido reuniendo" (
94) (subrayado mio).
Con el abandono de la masturbación clitoridea se renuncia a una porción de actividad, lo que da lugar a la vuelta hacia el padre y mociones pulsionales pasivas. "El deseo con que la niña se vuelve hacia el padre es sin duda, originariamente, el deseo del pene que la madre le ha denegado y ahora espera del padre. Sin embargo la situación femenina sólo se establece cuando el deseo del pene se sustituye por el deseo del hijo, y entonces, siguiendo una antigua equivalencia simbólica, el hijo aparece en lugar del pene" (
95). Con esta transferencia del deseo hijo-pene al padre la niña ingresa a la situación del complejo de Edipo.
La rivalidad en que queda entonces la madre, en tanto es la que recibe del padre todo lo que la niña anhela de él, ocultó por mucho tiempo la ligazón madre preedípica, tan importante, y con secuelas de fijaciones tan duraderas.
El problema final es cómo se resuelve el complejo de Edipo ya que, a diferencia del varón, en el caso de la niña, el complejo de castración lo prepara en vez de destruirlo. Ausente la angustia de castración, falta el motivo para salir y la niña "permanece dentro de él por tiempo indefinido" (
96)

La segunda de las opciones posibles para el desarrollo de la niña es el complejo de masculinidad, en cuyo caso "se evita la oleada de pasividad que inaugura el giro (Wendung) hacia la feminidad", y donde la variante más extrema se expresa como un "influjo sobre la elección de objeto en el sentido de una homosexualidad manifiesta" (97)

Finalmente, Freud reseña algunas de las incidencias de esta fase preedípica en el despliegue de la femineidad adulta.
Entre estas, el hecho que "para la mujer la necesidad de ser amada es más intensa que la de amar. En la vanidad coporal de la mujer sigue participando el efecto de la envidia del pene, pues ella no puede menos que apreciar tanto más sus encantos como tardío resarcimiento por la originaria inferioridad sexual" (
98)
Otra de las incidencias es la posibilidad de que la hostilidad hacia la madre desborde sobre el nuevo objeto, reproduciendo sobre una elección de objeto según el modelo del padre, una relación marcada por la ligazón-madre.
También podrá remontarse a esa fase preedípica la reproducción, con una hija, de la relación hostil que se tuvo con la madre. Al respecto, "solo la relación con el hijo varón brinda a la madre una satisfacción irrestricta, y es en general la más perfecta, la más exenta de ambivalencia de todas las relaciones humanas" (
99). Para Freud, incluso el matrimonio no estaría asegurado "hasta que la mujer haya conseguido hacer de su marido también su hijo, y actuar (agieren) la madre respecto de él" (100).

También es importante destacar la ligazón preedípica tierna, ya que es en ella "se prepara la adquisición de aquellas cualidades con las que luego cumplirá su papel en la función sexual y costeará sus inapreciables rendimientos sociales. En esa identificación conquista también su atracción sobre el varón, atizando hasta el enamoramiento la ligazón-madre edípica en él. Sin embargo, con harta frecuencia sólo el hijo varón recibe lo que el varón predendía para sí. Uno tiene la impresión de que el amor del hombre y el de la mujer están separados por una diferencia de fase psicológica" (101)

6 - El problema económico del masoquismo (1924)

Junto a a la cuestión del falo y el complejo de castración, que polarizó el debate sobre la sexualidad femenina, cabe mencionar algunos otros temas que tuvieron cierta relevancia, en particular, el del "masoquismo femenino".

 

 

Otros textos de Freud

Ver también las notas y comentarios de lectura de las "Contribuciones a la psicología del amor"

Notas

(1) Sigmund Freud, "Tres ensayos de teoría sexual" (1905), Obras Completas, Editorial Amorrortu, Tomo VII
Lo esencial de este artículo de 1923 se incluirá como una nueva nota a pie de página, a partir de la edición de 1924 de "Tres ensayos..."

(2) Idem, página 199

(3) Sigmund Freud, "La organización genital infantil" (1923), Obras Completas, Editorial Amorrortu, Tomo XIX, página 146

(4) Idem

(5) Idem

(6) Idem, página 147

(7) Idem

(8) Sigmund Freud, "El yo y el ello" (1925), Obras Completas, Editorial Amorrortu, Tomo XIX, páginas 33 y siguientes

(9) Sigmund Freud, "El sepultamiento del complejo de Edipo" (1925), Obras Completas, Editorial Amorrortu, Tomo XIX, página 181

(10) Idem, página 184

(11) Idem

(12) Idem

(13) Idem, página 185

(14) Idem

(15) Idem, 186

(16) Idem

(17) Idem

(18) Idem

(19) James Strachey, Nota introductoria a "Algunas consecuencias psíquicas de la diferencia sexual anatómica" de Sigmund Freud, Obras Completas, Editorial Amorrortu, Tomo XIX, página 262

(20) Sigmund Freud, "Sobre un caso de paranoia que contradice la teoría psicoanalítica", Obras Completas, Editorial Amorrortu, Tomo

(21) Sigmund Freud, "Pegan a un niño", Obras Completas, Editorial Amorrortu, Tomo XVII, página 196

(22) James Strachey, op. cit., página 263

(23) Sigmund Freud, "Algunas consecuencias psíquicas de la diferencia sexual anatómica", Obras Completas, Editorial Amorrortu, Tomo XIX, página 268

(24) Idem, página 270

(25) Idem

(26) Idem

(27) Idem, página 271

(28) Idem

(29) Idem, página 272

(30) Idem, página 273

(31) Idem

(32) Idem, página 274

(33) Idem

(34) Idem

(35) Idem

(36) Idem

(37) Idem, página 275

(38) Idem

(39) Idem

(40) Idem, página 276

(41) Ernest Jones, "The early development of female sexuality", The International Journal of Psycho-Analysis, Vol VIII, Out 1927.
Hay traducción al castellano "
La fase precoz del desarrollo de la sexualidad femenina", incluida (junto con artículos de J. Lacan, J. Riviere y H. Deutsch) en "La sexualidad femenina", Editorial Homo Sapiens, 1979. También traducción al portugués (de Carlos Martinez), disponible aquí
Ver
notas y comentarios

(42) Sigmund Freud, "Tres ensayos de teoría sexual" (1905), Obras Completas, Editorial Amorrortu, Tomo VII, páginas 200/1.
Allí Freud señala que "la sexualidad de la niña pequeña tiene un carácter enteramente masculino" (página 200). La masturbación en las niñas pequeñas verifica siempre una referencia al clítoris, y "si se quiere comprender el proceso por el cual la niña se hace mujer, es menester perseguir ls ulteriores destinos de esta excitabilidad del clítoris" (página 201). Más tarde, "cuando por fin el acto sexual es permitido, el clítoris mismo es excitado, y sobre é recae el papel de retransmitir esa excitación a las partes femeninas vecinas, tal como un haz de ramas resinosas puede emplearse para encender una leña de combustión más dificil" (páginas 201/2)

(43) Sigmund Freud, "Sobre la sexualidad femenina", Obras Completas, Editorial Amorrortu, Tomo XXI , página 227

(44) Idem

(45) Idem, página 228

(46) Idem, página 230

(47) Idem

(48) Idem

(49) Idem

(50) Idem, página 231

(51) Idem

(52) Idem, páginas 231/2

(53) Idem, página 232

(54) Idem

(55) Idem, página 235

(56) Idem, página 237

(57) Idem, página 238

(58) Idem, página 240

(59) Idem

(60) Idem, página 241

(61) Idem

(62) Karl Abraham, "Auesserungsformen des weiblichen Kastrationskomplexes" 1920, Internat. Zeitschrift für Psychoanalyse. 7 (1921), traducido al inglés "Manifestations of the Female Castration Complex", International Journal of Psychoanalysis 3 (March 1922). Hay traducción al castellano "Manifestaciones del complejo de castración femenino" (1920), en "Psicoanálisis Clínico" (Capítulo XXIII), Ed. Hormé, Buenos Aires

(63) Jeanne Lampl-de Groot, "The evolution of the Oedipus complex in women", International Journal of Psychoanalysis IX (1928). Ese fue el primer trabajo de Jeanne Lampl-de Groot.

(64) Sigmund Freud, op. cit., página 242

(65) Helene Deutsch, "The significance of masochism in the mental life of women", International Journal of Psychoanalysis 11 (1930), 48-60. Hay traducción al castellano, "La importancia del masoquismo en la vida mental de la mujer" (1930), en R. Fliess (comp.), "Escritos psicoanalíticos fundamentales", Buenos Aires: Paidós, 1981. Hay otra traducción publicada como "La significación del masoquismo en la vida mental femenina", en revista Buscón 1.

(66) Otto Fenichel, "The pregenital antecedents of the Oedipus Complex", International Journal of Psychoanalysis, 12:141-166, (1931), incluido luego en "The collected papers of Otto Fenichel" (First Series), ed. H. Fenichel and D. Rapaport, New York: Norton and Co., 1953, pp. 181-203

(67) Sigmund Freud, op. cit., página 243

(68) Melanie Klein, "Early stages of the oedipus conflict", International Journal of Psychoanalysis, 9:167-180. (1928)
Hay traducción al castellano "Estadíos tempranos del conflicto edípico", disponible
aquí

(69) Sigmund Freud, op. cit., página 243

(70) Karen Horney, "Die Flucht aus der Weiblichkeit", Internationale Zeitschrift für Psychoanalyse, 12: 360-74 (1926). "The Flight from Womanhood: The Masculinity Complex in Women as Viewed by Men and by Women", International Journal of Psychoanalysis, 7: 324-39. Reprinted in Feminine Psychology, 54-70. Hay traducción al castellano "La huida de la feminidad", en Psicología femenina (págs. 57-75). Buenos Aires: Psique, 1970
Karen Horney, "Gehemmte Weiblichkeit: Psychoanalytischer Beitrag zum Problem der Fridigitit", Zeitschrift für Sexualwissenschaft, 13: 67-77 (1926). "Inhibited Femininity: Psychoanalytical Contribution to the Problem of Frigidity", English version in Feminine Psychology, 54-70 (1926). Hay traducción al castellano "La feminidad inhibida. Contribución psicoanalítica al problema de la frigidez", en Psicología femenina (págs. 77-91). Buenos Aires: Psique, 1970
Ver también Karen Horney en
Wikipedia

(71) Sigmund Freud, op. cit., página 244

(72) Idem

(73) Ernest Jones, "The early development of female sexuality", The International Journal of Psycho-Analysis, Vol VIII, Out 1927.
Hay traducción al castellano "
La fase precoz del desarrollo de la sexualidad femenina", incluida (junto con artículos de J. Lacan, J. Riviere y H. Deutsch) en "La sexualidad femenina", Editorial Homo Sapiens, 1979. También traducción al portugués (de Carlos Martinez), disponible aquí
Ver
notas y comentarios

(74) Sigmund Freud, op. cit., página 244

(75) Sigmund Freud, "33º Conferencia. La feminidad" (1933), Obras Completas, Editorial Amorrortu, Tomo XXII, página 106

(76) Idem

(77) Idem, página 108

(78) Idem

(79) Idem, página 109

(80) Idem

(81) Idem, página 110

(82) Idem

(83) Idem

(84) Idem

(85) Idem

(86) Idem

(87) Idem, página 113

(88) Idem

(89) Idem, página 116

(90) Idem

(91) Idem

(92) Idem, página 117

(93) Idem

(94) Idem

(95) Idem, página 119

(96) Idem, página 120

(97) Idem

(98) Idem, página 122

(99) Idem, página 124

(100) Idem

(101) Idem

 

Otra bibliografía sobre el tema

Muller, Josine. Contribution a la question du developpement libidinal de la fille a la phase genitale. La Lettre Mensuelle, Paris, n. 116, p. 33-39, fev. 1993. / v.52
MÜLLER, Josine. Una contribución al problema del desarrollo libidinal de la fase genital de las niñas. El Caldero de la Escuela, Buenos Aires: Talleres Edigraf, v. 52, p. 75-80, jun. 1997. La estratégia de Hamlet.
Josine Müller, 'A Contribution to the Problem of Libidinal Development of the Genital Phase in Girls'

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