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Psicoanálisis y Ciencia |
Ciencia,
psicoanálisis y posmodernismo
(Acerca del libro "Impostures
Intellectuelles" de Sokal y Bricmont)
Tercera parte:
Algunos problemas en la transmisión del psicoanálisis
( 25 de julio 1998 )
Publicado en Acheronta número 7 (julio 1998)Indice
Estado del debate
Entre la redacción de las dos primeras partes (enero 1998) de esta crítica al libro de Sokal y Bricmont y esta tercera parte ha mediado la visita de A. Sokal a la Argentina.
Lamentablemente, el encuentro no fue muy alentador.
Unos amigos asistieron y me contaron de su conferencia en la Universidad de Buenos Aires (en la Facultad de Filosofía y Letras) y personalmente asistí a su charla en FLACSO.
En ambas ocasiones Sokal no se salió del libreto conocido de sus artículos ya publicados en Internet: una reseña histórica de la anécdota del "affaire" y una serie de ironías sobre la obra de algunos de los pensadores franceses cuya crítica ha abordado mas extensamente en su libro.
En una ciudad como Buenos Aires, obviamente, la cuestión de Lacan y el psicoanálisis no dejó de tomar un lugar prevalente, motivo por el cual, quizás, la cuestión de la supuesta equivalencia entre el falo y la raíz cuadrada de -1 fue uno de los recursos irónicos mas usado por Sokal.
Lamentablemente, ni la actitud de Sokal, ni la de los organizadores de dichas conferencias, ni mucho menos la de muchos de los asistentes a las mismas, fue la de abrir la posibilidad de un debate.
La conferencia en la UBA, por lejos la más numerosa de las dos a las que me puedo referir (tengo entendido que Sokal hablo en un par de lugares mas, pero no tengo referencias directas), fue lisa y llanamente la ocasión para una catarsis anti-lacaniana masiva por parte de los asistentes, quienes abucheaban y no dejaban hablar ni hacer preguntas a cualquiera que tan solo insinuara, en sus primeras palabras, una crítica o un desacuerdo con Sokal, sin faltar aquellos que intervinieron en el sentido de "¿porque hubo que esperar tanto para que llegara alguien tan genial como Sokal?" u otras expresiones similares de "esperanza" en un nuevo "Mesías". Esta explosión de absoluta irracionalidad fue tal que el propio Sokal tuvo que intervenir para calmar a la asistencia y reclamar un mínimo de respeto hacia quienes tuvieran alguna objeción.
La conferencia en FLACSO, en cambio, no alcanzó ese desborde. Pero no faltaron los murmullos o los gestos de desagrado o desaprobación por parte de muchos asistentes, tanto cuando me tocó intervenir a mí como cuando intervinieron otros psicoanalistas. Cuando me tocó hablar, en FLACSO, Sokal terminaba de responder a la pregunta anterior con la afirmación de que nadie se había tomado el trabajo de responder seriamente a su libro. Cuando le señale que hacia meses que ya estaban en línea las dos primeras partes de este artículo, Sokal reconoció que conocía su existencia, pero que no había tenido el tiempo de leerlo.
Por esa razón o por la que sea, el resultado es que ni Sokal ni los organizadores de la charla aceptaron desarrollar un debate.
En síntesis, la presencia de Sokal en Argentina, al menos en lo que hace a estas dos presentaciones y a lo que hace a las notas en la prensa escrita, no salió de los marcos ya repetidos de la anécdota y las ironías.
Para mi sorpresa, a fines de mayo Sokal me escribió un largo e-mail respondiendo detenidamente a varios fragmentos de mi artículo. Como quizás era de prever su respuesta se concentró en puntos de la primera parte de mi artículo y desistió de abordar el tema de la segunda parte. Señala al respecto:
En cuanto a la sección "La verdad y lo real", tengo que decir que a mi parecer tiene poco que ver con nuestro libro. (Evidentemente Ud. quiere defender a Lacan con el argumento aludido antes, pero tendría que ser mucho más desarrollado para ser convincente a los que no están convencidos de antemano.)
Lo que si será interesante es la prometida tercera parte del articulo:
> Como lo mencioné antes, una análisis de los fragmentos de Lacan
> seleccionados por Sokal y Bricmont en su libro.ESO ES LO QUE HACE FALTA: no una defensa general del "derecho a la metáfora" etc., sino una defensa especifica de los textos que nosotros criticamos. La esperare con mucho interés.
El "argumento aludido antes" al que hacer referencia Sokal es el siguiente:
> La minuciosidad del análisis de los errores cometidos por Lacan y
> demás autores no prueba entonces nada porque
> permanece en una posición de exterioridad respecto al texto
> analizado, porque es incapaz de establecer un juicio sobre
> el texto en sí.Esto es, tal vez, el corazón de su defensa de Lacan: si no entendemos la teoría psicoanalítica de Lacan, no estamos en grado de criticar sus usos/abusos de la matemática. Creo que es falso. Sin ser experto en la lingüística de Saussure y la versión lacaniana de ella, puedo afirmar con certeza que el "calculo" de Lacan con el significado, significante etc. dando lugar a la raíz cuadrada de menos uno no tiene sentido matemático alguno; y sin entender las sutiles distinciones entre órgano eréctil, falo, pene etc., me parece bastante claro que NINGUNO de estos conceptos tiene la más mínima conexión lógica con la raíz cuadrada de menos uno (si no es por mera asociación metafórica con la palabra "imaginaria").
Si Ud. quiere defender a Lacan a la base de esta idea, creo que va a tener que desarrollarla en mas profundidad y responder a esta objeción obvia.
Como se ve, Sokal insiste en su derecho a criticar los "usos/abusos de las matemáticas", para el caso, en Lacan, sin que sea necesario tener que entender de psicoanálisis (1).
Ahora bien, nunca nadie le ha negado ese derecho, excepto quizás el propio Lacan, quien no ha dejado de señalar que su uso de los recursos de las matemáticas es deformado respecto de su campo de origen (2) (y no deja de ser medio absurdo entonces criticar a alguien el uso deformado de algo, por la deformación misma, cuando ese alguien lo está admitiendo como punto de partida; veremos todo eso en detalle mas adelante).
De todas maneras, aún así Sokal tendría el derecho de recordarnos, una vez más, que el uso que hace Lacan de las matemáticas no es un uso acorde a los desarrollos y reglas propias de las matemáticas, sin tener para ello que entender algo de psicoanálisis o de cualquier otra cosa que no fuesen las propias matemáticas.
Pero dudo que de ese modo su crítica hubiese adquirido la trascendencia que ha tenido.
Si el "affaire" Sokal, y en particular el libro que escribió con Bricmont, han tenido tanta repercusión es porque Sokal ha dicho mucho mas que esto.
El título mismo del libro lo indica: hay también una acusación de impostura intelectual, de estafa y engaño.
Y lo que es lo más importante y conceptual (siempre con relación al capítulo dedicado a Lacan): también ha caracterizado al lacanismo como un "misticismo laico", entendiendo por tal, el surgimiento de una nueva religión.
Es por este tipo de afirmaciones y caracterizaciones que el libro de Sokal ha trascendido.
Y son estas afirmaciones y caracterizaciones las que están en discusión (3).
Si esto no queda claro, entonces nada de lo dicho tiene sentido.
Ahora bien, por si quedara alguna duda, tampoco le quito el derecho a Sokal a intervenir en este otro nivel. Es más, es el que me interesa, y es en el único en que puede tener sentido algún debate (ya lo hemos dicho, la discusión acerca de si Lacan usa o no los recursos matemáticos de acuerdo a las reglas de ese ámbito ya esta saldada: el propio Lacan señala que no).
Pero, entonces, lo que tiene que hacer Sokal, es... decidirse!
Porque si pretende acotar su campo y posibilidades a la simple verificación del uso por parte de Lacan de recursos matemáticos de un modo acorde o no a las reglas de las matemáticas (como lo plantea en su carta, y como lo ha planteado en sus conferencias), entonces podrá eximirse de la tarea de tener que entender algo de psicoanálisis, pero no podrá decir, a continuación, como si se tratara de una deducción evidente de lo anterior, que el lacanismo es un "misticismo laico", una nueva religión: esta afirmación, se la mire desde donde se quiera, excede el campo de las verificaciones y correcciones matemáticas.
Este tipo de caracterizaciones implican argumentaciones sociológicas, psicoanalíticas, políticas, etc. Y desde esta perspectiva, la discusión acerca del uso de los recursos matemáticos no puede ser una discusión en términos matemáticos. La simple verificación del uso "incorrecto" de dichos argumentos (como el propio Sokal lo admite cuando hace referencia a Newton), no es argumento suficiente para este otro tipo de conclusiones.
Parodiando al propio Sokal (ver mas arriba) le respondería que "Si Ud. quiere criticar a Lacan en base a esta idea, creo que va a tener que desarrollarla con mas profundidad y responder a esta objeción obvia".
En otro lugar de su libro (4), en una nota a pie de página, Sokal hace referencia a un comentario de Chomsky acerca de los cuestionamientos que a veces se le ha hecho sobre su derecho a hablar de política, como si para hablar de ciertos temas, hiciera falta alguna autorización universitaria o similar.
No es esa mi posición. No le cuestionaré a Sokal su derecho a hablar, ni de política, ni de sociología, ni incluso de psicoanálisis, ni de lo que quiera. No le exigiré títulos habilitantes para ello. No hace falta ser un "especialista" para internarse en ciertos campos. No me molesta que un físico opine sobre cuestiones de psicoanálisis. Todo lo contrario, bienvenido sea.
Pero lo que sí le exigiré es que lo que diga sea coherente. Esto en el sentido de que las deducciones sean correctas, lógicas, mas precisamente, que las afirmaciones sean mínimamente demostradas.
En síntesis, para pasar de la simple verificación del uso "incorrecto" de los recursos matemáticos a afirmaciones del tipo de "el lacanismo es una nueva religión", faltan dar muchos pasos (5).
Esos pasos requieren, sí o sí, de la discusión de ciertas nociones psicoanalíticas, la discusión sobre el estatuto de ciertas nociones tanto en psicoanálisis como en la ciencia.
Y es sobre ese punto que Sokal debe decidirse: o avanza, aún a tientas, y entonces aborda estos debates, o retrocede, y se mantiene en el nivel de la simple verificación del respeto o infracción a las reglas de origen en los casos de usos de nociones científicas o matemáticas.
Pero lo que no es admisible, lo que no puede hacer, es una cosa u otra en función de simples conveniencias argumentales y sofísticas (en el peor sentido de este término).
Aclarado este punto, respecto del propio Sokal, quisiera retomar algunas otras de las circunstancias relativas a su libro y su visita a la Argentina, y que hacen a los motivos principales de mi interés por todo este tema.
Lo que me ha sorprendido son algunas de las repercusiones del libro así como los efectos que generó la presencia de Sokal en Buenos Aires (la capital mundial del psicoanálisis lacaniano, sino por la eventual originalidad de sus producciones, al menos por la cantidad de sus practicantes).
Me sorprenden los abucheos y la catarsis anti-lacaniana que la presencia de Sokal gatilló.
No creo que una similar referencia a Freud o sus discípulos hubiese podido generar algo por el estilo.
De hecho, aquél bastante conocido articulo con el que la revista Times hiciera una de sus tapas, "Freud is dead", jamás alcanzó la difusión y la trascendencia que ha tenido el libro de Sokal (mas allá de la cuestión ya señalada de que la crítica de Sokal abarca a un grupo mucho mas amplio de autores y disciplinas). Y los mismo con el famoso "Burying Freud" de The Lancet
Esto no significa que Freud y el psicoanálisis no hayan sido atacados, perseguidos, difamados, y reprimidos, sea bajo el nazismo, como bajo el régimen de la burocracia stalinista.
Pero la marca profunda del cientificismo, en Freud, siempre ha rescatado al psicoanálisis y ha permitido su supervivencia en las peores condiciones, justamente por esta estrecha relación a la ciencia.
Esto es algo que ha subrayado el propio Lacan:
Decimos, contrariamente a lo que suele bordarse sobre una pretendida ruptura de Freud con el cientificismo de su tiempo que ese cientificismo mismo, si se tiene a bien designarlo en su fidelidad a los ideales de un Brücke, a su vez transmitidos del pacto al que un Helmholtz y un Du Bois-Reymond se habían consagrado de hacer entrar a la fisiología y a las funciones del pensamiento consideradas como incluidas en ella en los términos matemáticamente determinados de la termodinámica llegada a su casi acabamiento en su tiempo, el que condujo a Freud, como sus escritos lo demuestran, a abrir la vía que lleva para siempre su nombre.
Decimos que esa vía no se desprendió nunca de los ideales de ese cientificismo, ya que así lo llaman, y que la marca de él que la señala no es contingente sino que sigue siéndole esencial"
Que es por esa marca por la que conserva su crédito, a pesar de las desviaciones a las que se ha prestado, y esto en la medida en que Freud se opuso a esas desviaciones, siempre con una seguridad sin vacilaciones y un rigor inflexible.
Prueba de ello su ruptura con su adepto mas prestigioso, Jung concretamente, apenas se deslizó hacia algo cuya función no puede definirse sino como la de intentar restaurar en ella un sujeto dotado de profundidades - este último término en plural -, lo cual quiere decir un sujeto compuesto de una relación con el saber, relación llamada arquetípica, que no se redujese a la que permite la ciencia moderna con exclusión de cualquier otra, la cual no es nada más que la relación que definimos el año pasado como puntual y desvaneciente, esa relación con el saber que de su momento históricamente inaugural ha conservado el nombre de cogito.
A ese origen indudable, patente en todo el trabajo de Freud, a la lección que nos deja como jefe de escuela, se debe el que el marxismo no tenga alcance - y no sé de ningún marxista que haya mostrado en ello alguna insistencia - para poner en entredicho su pensamiento en nombre de sus lazos históricos" (6).
Reproduzco en extenso esta cita de Lacan, porque creo que da cuenta de la importancia que el propio Lacan le otorga a la relación del psicoanálisis con la ciencia.
Y justamente, por prestar atención a este punto, es que Lacan ha sido uno de los que más han trabajado y ayudado a precisar los términos de dicha relación.
J.C. Milner, en su libro "La obra clara", señala, respecto del cientificismo de Freud que es...
"el asentimiento que [Freud] otorga al ideal de la ciencia. Ese ideal funda, suficientemente, el anhelo de que el psicoanálisis sea un ciencia. Digo, en efecto, ideal de la ciencia. Se trata efectivamente de un punto ideal - exterior o infinitamente distante - hacia el que tienden las rectas del plano y que, al mismo tiempo, les pertenece a todas y en el que nunca se encuentran. No es la ciencia ideal, la cual 'encarna', de manera variable, el ideal de la ciencia: determinación estrictamente imaginaria, requerida para que las representaciones sean posibles".
diferenciando de este modo el cientificismo de la ciencia ideal del cientificismo del ideal de la ciencia, tal como lo subrayaba Lacan en la cita anterior.
La posición de Lacan respecto de la ciencia, en ese sentido, no es la misma que la de Freud.
Lacan no presta ese mismo asentimiento al ideal de la ciencia, y precisa los términos entre el psicoanálisis y la ciencia a partir de lo que Milner denomina "el axioma del sujeto", que es el que hemos comentado y analizado en la segunda parte de este trabajo, y a partir del cual "el psicoanálisis encontrará en sí mismo los fundamentos de sus principios y de sus métodos" (7).
Esta reducción del sujeto del psicoanálisis al sujeto de la ciencia no es ni contingente ni oportunista, sino el resultado lógico de la exigencia de aquél cientificismo freudiano.
El psicoanálisis, en consecuencia, según N. Charraud, no deja de aparecer como "la escoria del humanismo (que clama la felicidad de la humanidad), de la misma manera que los primeros científicos, en el sentido moderno de la palabra (Descartes y Galileo) se encontraron siendo la escoria de la docta ignorancia instaurada por Nicolas de Cusa. En los dos casos, la superación de la ideología de la época provoca una destitución, un rechazo por parte de los contemporáneos (...). El psicoanalista como el científico se encuentra siendo el saldo de una doctrina del hombre que le garantice su felicidad en tanto que no desee un saber sobre lo real"(8).
Ahora bien, esta situación puede explicar muchas situaciones de rechazo hacia el psicoanálisis.
Y seguramente gran parte de las reacciones que estamos comentando con relación al "affaire" Sokal responden a esta problemática.
Pero no creo que la reducción pueda ser completa.
Mas bien me inclinaría a pensar que en el planteo de Sokal no deja de haber algo de verdad.
Las preguntas entonces serían:
¿Es realmente el lacanismo un "misticismo laico", una "nueva religión"?
¿Sería contra este nuevo "oscurantismo laico" que reaccionaron, de ese modo, los estudiantes y profesores que asistían a la charla de Sokal en la UBA?
¿Acaso las precisiones de Lacan sobre las relaciones entre la ciencia y el psicoanálisis son incorrectas, incluso psicoanalíticamente?
¿Acaso hay algún problema cosustancial al psicoanálisis que conlleve inexorablemente este tipo de problemas?Hay una "realidad" que reconocer: el "ambiente" lacaniano, y el porteño en particular, está saturado de una gama de "vicios" respecto de los cuales, la crítica de Sokal, que podrá discutirse respecto de Lacan, les cabe como anillo al dedo.
Asistir a una charla o reunión de psicoanalistas lacanianos, mas o menos "institucionalizados", implica, casi siempre, tener que soportar una obligada exhibición de mimetizada erudición totalmente desconectada de la clínica en la cual no faltarán las referencias a Witgenstein, o Heidegger, o Aristóteles, o Casanova, etc., matizadas del clásico "no tenemos tiempo para desarrollar ahora todo esto", que nos llevarán desde una cita de Lacan a todo un paseo por la cultura occidental, sin haber obtenido al final del viaje mas que el lustre que la histeria o ignorancia de cada cual este dispuesta a dispensarle al expositor.
Tomemos a modo de ejemplo, un par de situaciones, de cada uno de los grandes campos en que se distribuyen, mayoritariamente, los psicoanalistas lacanianos.
Hace poco fui a escuchar una charla organizada por un nuevo grupo analítico caracterizable, para el caso, como muy antimilleriano (aunque no tan chabacano como los que autopublicitan sus conferencias en Buenos Aires con la consigna de "Miller go home"), donde venían estudiando desde hacía varios encuentros, el libro de Milner "La obra clara". Hablaron bastante de Witgenstein y otra cantidad de derivados similares, pero luego de 4 reuniones abocados a dicho libro no se habían percatado aún, tan ocupados que estaban en criticarlo, que ese libro estaba en ruptura con Miller.
En el otro campo, podemos tomar algún ejemplo del reciente libro de la AMP (9) donde Miller pretende "transparentar" sus conflictos con C. Soler. Sin entrar en mayores detalles acerca de ese debate (expondré en breve mi opinión al respecto, con la seriedad requerida, en el foro sobre "Situación del Psicoanálisis") encontramos ahí situaciones que no dejan de llamar la atención, como ese reinicio vespertino de la "conversación" en que Miller elabora algunos de sus juegos significantes "sentando" a uno de sus lados a un analista cuyo apellido comienza con A y al otro lado otro analista cuyo apellido comienza con Z. (10). Esta situación podría considerarse como parte del humor que puede amenizar cualquier reunión, pero visto que toda la "conversación" no pudo dar respuesta a la pregunta planteada por G. Lemoine acerca de para qué estaban ahí convocados los participantes, es este tipo de "manejo", aparentemente sin sentido, el que ocupa el lugar de las "respuestas".
También podríamos referir las mas conocidas "adecuaciones ambientales" (media luz, etc.) con las que los encuentros de la AMP acostumbran preparar las exposiciones de los pasantes sobre su propio pase.Son situaciones, estas, que no corresponde tomar a la ligera. No pretendo saldar con un simple comentario de este estilo, los análisis y conclusiones que deberíamos derivar de los hechos en los que se inscriben estas anécdotas (justamente, gran parte de los problemas inter-institucionales pasa, me parece, por la reducción que los miembros de cada bando hace de la situación en el otro a este tipo de anécdotas)
Pero estas situaciones no dejan de ser, también, un reflejo mas o menos típico de lo que muchos profanos perciben como sistemático desde hace el suficiente tiempo como para que acusaciones como las de Sokal puedan encontrar su resonancia.
La impresión que domina es, o la del diletantismo intelectual, o la de ceremoniales mágicos o religiosos, antes que la que se esperaría de una situación de trabajo en una reunión de psicoanalistas preocupados por resolver problemas clínicos.Lo que haremos a continuación, entonces, será lo siguiente.
Retomaremos en detalle las críticas de Sokal y Bricmont. Las mismas abarcan estos dos costados que hemos estado comentando: por un lado la cuestión de la verificación acerca de la "incorrección" del uso de las matemáticas por parte de Lacan y por el otro lado, la cuestión de las deducciones que de ello se pueden hacer, y que conducirían a la conclusión de que el lacanismo sería un misticismo laico.
Tomaré estas críticas tal como lo he venido haciendo hasta ahora, transformándolas de la siguiente manera.
La cuestión del modo en que Lacan usa las matemáticas será la cuestión del estatuto de lo real y la verdad en psicoanálisis o, en otros términos, la cuestión de la relación del psicoanálisis con la ciencia (ya que como vimos no tiene sentido la simple discusión sobre si ese uso es adecuado o no a las reglas de su campo de origen).
Y la cuestión del "misticismo laico" y la "nueva religión", será el problema de la transmisión en psicoanálisis y los problemas que implica para ello la no forclusión del sujeto propia de la transmisión en la ciencia.Creo que son estos, problemas centrales para el psicoanálisis: los fundamentos de su práctica, las relaciones del psicoanálisis con la ciencia (y en consecuencia, con lo social), y los problemas de la transmisión.
Con esto, antes que agotar el problema, lo que quiero es subrayar cuan importantes son, para el propio psicoanálisis, las críticas de Sokal, por externas o fallidas que estas puedan ser en mas de un aspecto
Mas allá de lo que Sokal diga o haga en el futuro, creo que los psicoanalistas no deben dejar de repensar estos problemas.
La crítica de Sokal y Bricmont a Lacan
La crítica de Sokal y Bricmont a Lacan comienza señalando cuestiones respecto del uso de la topología. Para ellos son incomprensibles afirmaciones como la de que "el toro es la estructura de la neurosis".
La realidad es que Sokal y Bricmont no entienden ni afirmaciones como estas ni absolutamente nada de lo planteado por Lacan, como lo verifica el simple detalle de que no alcanzan siquiera a distinguir entre psicoanálisis y psicología: "Aún si el concepto de goce tuviese una significación clara y precisa en psicología, Lacan no da ninguna razón que permita considerar al goce como un 'espacio' en el sentido técnico de esa palabra en topología" (11).
El concepto de goce jamás tuvo (ni tendrá) significación alguna (ni clara ni oscura, ni precisa ni ambigua) en la psicología, por la sencilla razón que no es un concepto de la psicología, y esto, a su vez, porque el psicoanálisis no es una rama, o técnica, o especialidad, o lo que sea, de la psicología. No distinguir estas cuestiones implica no tener idea de lo que se está hablando.
No es un "pecado" no saber. Pero, ya que Sokal y Bricmont van a dedicarse al preciosismo de las "exactitudes", entonces no estará de más caracterizar correctamente el nivel de su ignorancia.
Los otros dos temas abordados por Sokal y Bricmont remiten al uso por parte de Lacan de los números imaginarios y de la lógica.
Vamos a tomar en detalle el primero de estos dos puntos.
Podríamos hacer lo mismo con la crítica que hacen al uso de la lógica, en particular su uso en las fórmulas de la sexuación.
Pero, como lo hemos señalado anteriormente, vista la difusión que el propio Sokal se ha encargado de darle al primero de estos dos puntos, ironizando una y otra vez sobre la eventual equivalencia entre el "órgano eréctil" y la raíz cuadrada de -1, y dado que la importancia de este debate lo da, en gran medida, el alcance y difusión pública del mismo, optaremos por ese punto.
Sokal y Bricmont toman tres fragmentos de "Subversión del sujeto y dialéctica del deseo".
El primero se encuentra en la página 799 de la 14° edición castellana de Siglo XXI y en la página 819 de la edición francesa de Seuil.
Lo reproduzco (en azul indico las partes que han sido salteadas por Sokal y Bricmont en su libro)
"En cuanto a nosotros, partiremos de lo que articula la sigla S(A): ser en primer lugar un significante. Nuestra definición del significante (no hay otra) es: un significante es lo que representa al sujeto para otro significante. Este significante será pues el significante por el cual todos los otros significantes representan al sujeto: es decir que a falta de este significante, todos los otros no representarían nada. Puesto que nada es representado sino para.
Ahora bien, puesto que la batería de los significantes, en cuanto es, está por eso mismo completa, este significante no puede ser sino un trazo que se traza de su círculo sin poder contarse en él. Simbolizable por la inherencia de un (-1) al conjunto de los significantes.
Es como tal impronunciable, pero no su operación, pues ésta es lo que se produce cada vez que un nombre propio es pronunciado. Su enunciado se iguala a su significación.
De donde resulta que al calcular ésta, según el álgebra que utilizamos, a saber
S(significante)
------------------- = s (el enunciado) , con S = (-1)
s (significado)s = Ö -1"
...........
"Pour nous, nous partirons de ce que le sigle S(A) articule, d' être d' abord un signifiant. Notre définition du signifiant (il n' y en a pas d' autre) est: un signifiant, c' est ce qui représente le sujet pour un autre signifiant. Ce signifiant sera donc le signifiant pour quoi tous les autres signifiants représentent le sujet: c' est dire que faute de ce signifiant, tous les autres ne représenteraient rien. Puisque rien n' est représenté que pour.
Or la batterie des signifiants, en tant qu' elle est, étant par là même complète, ce signifiant ne peut être qu' un trait qui se trace de son cercle sans pouvoir y être compté. Symbolisable par l' inhérence d' un (-1) à l' ensemble des signifiants.
Il est comme tel imprononçable, mais non pas son opération, car elle est ce qui se propduit chaque fois qu' un nom propre este prononcé. Son énoncé s' égale à sa signification.
D' où réulte qu' à calculer celle-ci, selon l' algèbre dont nous faisons usage, à savoir:
S(signifiant)
--------------- = s (l' énoncé), avec S = (-1), on a: s = Ö -1"
s (signifié)Es llamativo que lo omitido por Sokal y Bricmont sea precisamente la definición del significante, que es la base de todo lo que sigue.
El segundo fragmento que seleccionaron figura, en las mismas ediciones anteriormente señaladas, en las páginas 801 y 821, respectivamente.
Lo reproducimos a continuación:
Sin duda Claude Lévi-Strauss, comentado a Mauss, ha querido reconocer en él el efecto de un símbolo cero. Pero en nuestro caso nos parece que se trata mas bien del significante de la falta de ese símbolo cero. Y por eso hemos indicado, a reserva de incurrir en alguna desgracia, hasta dónde hemos podido llevar la desviación del algoritmo matemático para nuestro uso: el símbolo Ö -1, que también se escribe i en la teoría de los números complejos, sólo se justifica evidentemente no aspirando a ningún automatismo en su empleo subsiguiente.
............
Sans doute Claude Lévi-Strauss, commentant Mauss, a-t-il voulu y reconnaître l' effet d' un symbole zéro. Mais c' est plutôt du signifiant du manque de ce symbole zéro qu' il nous paraît s' agir en notre cas. Et c' est pourquoi nous avons indiqué, quitte à encourir quelque disgrâce, jusqu' où nous avons pu pousser le détournement de l' algorithme mathématique à notre usage: le symbole Ö -1, encore écrit i dans la théorie des nombre complexes, ne se justifie évidemment que de ne prétendre à aucun automatisme dans son emploi subséquent.
Finalmente, el tercer fragmento (que Sokal y Bricmont presentan en forma inmediata y en continuidad con el segundo; ya veremos que cosas está salteadas al medio), figura en las páginas 802 y de las respectivas ediciones de Siglo XXI y Seuil:
Es así como el órgano eréctil viene a simbolizar el sitio del goce, no en cuanto él mismo, ni siquiera en cuanto imagen, sino en cuanto parte faltante de la imagen deseada: por eso es igualable al Ö -1 de la significación más arriba producida, del goce al que restituye por el coeficiente de su enunciado a la función de falta de un significante: (-1).
...........
C' est ainsi que l' organe érectile vient à symboliser la place de la jouissance, non pas en tant que lui-même, ni même en tant qu' image, mais en tant que partie manquante à l' image désirée: c' est pourquoi il est égalable au Ö -1 de la signification plus haut produite, de la jouissance qu' il restitue par le coefficient de son énoncé à la fonction de manque de signifiant: (-1).
Del primer fragmento, Sokal y Bricmont dicen:
"Aquí Lacan se burla del mundo. Aún si su 'álgebra' tuviese un sentido, manifiestamente el 'significante', el 'significado' y el 'enunciado' que allí figuran no son números, y la barra horizontal (símbolo arbitrariamente elegido) no denota la división de dos números. En consecuencia, sus 'cálculos' son pura fantasía" (12).
Respecto del segundo y tercer fragmentos, Sokal y Bricmont dicen:
"Ahí reconocemos que es preocupante ver nuestro órgano eréctil identificado a raíz cuadrada de -1. Esto nos hace pensar a Woody Allen quien, en 'Woody y los robots', se opone a una translación craniana: 'no pueden tocar mi cerebro, es mi segundo órgano preferido'"
Sokal y Bricmont sabrán en qué medida este chiste vehiculiza o no sus propias preocupaciones respecto al órgano eréctil, y cuanto esto coadyuva o no a su incomprensión, ya no solo del texto de Lacan, sino de cualquier problemática que pudiese alcanzar al falo.
Finalmente, luego de comentarios del mismo estilo respecto de los fragmentos de Lacan que seleccionaron para criticar su uso de la lógica, en su conclusión final dicen:
"¿Cómo evaluar las matemáticas lacanianas? Diferentes comentadores están en desacuerdo a propósito de las intenciones de Lacan: ¿en qué medida buscaba 'matematizar' el psicoanálisis? No aportaremos respuesta alguna a esta pregunta que, al fin de cuentas, no tiene mucha importancia pues las matemáticas de Lacan son tan fantasiosas que no pueden jugar ningún rol fecundo en un análisis psicológico serio.
Por cierto, Lacan posee una vaga idea de las matemáticas de las que habla (pero no mucho más). No es con él que los estudiantes van a aprender lo que es un número natural o un conjunto compacto, pero sus afirmaciones, cuando son comprensibles, no son siempre falsas. No obstante, se recupera ['il se ratrappe' (13)], si podemos decirlo, sobre todo en el segundo tipo de abusos mencionados en nuestra introducción: sus analogías entre psicoanálisis y matemáticas son las mas arbitrarias que podamos imaginar, y no da de ellas (ni aquí ni en ningún otro lugar en su obra) absolutamente ninguna justificación empírica o conceptual. Finalmente, por lo que hace al despliegue de una erudición superficial y de la manipulación de frases desprovistas de sentido, pensamos que los textos previos son suficientemente elocuentes.
El aspecto mas llamativo de Lacan y sus discípulos es sin duda su actitud hacia la ciencia, privilegiando, hasta un punto difícil de imaginar, la 'teoría (es decir, de hecho, el formalismo y los juegos de lenguaje) en detrimento de la observación y la experiencia. Después de todo, el psicoanálisis, suponiendo que tenga una base científica, es una ciencia relativamente joven. Antes de lanzarse en grandes generalizaciones teóricas, sería mas prudente verificar la adecuación empírica de al menos algunas de sus proposiciones. Pero en los escritos de Lacan encontramos principalmente citas y análisis de textos y de conceptos.
Frente a estas críticas, los defensores de Lacan (y de otros autores aquí discutidos) tienen tendencia a replegarse sobre una estrategia que calificaremos de ni/ni: sus escritos no deben ser evaluados ni como discurso científico, ni como razonamientos filosóficos, ni como una obra poética, ni .... Nos encontramos entonces ante lo que podríamos llamar un 'misticismo laico': misticismo porque el discurso busca producir efectos mentales que no son puramente estéticos, sin por ello dirigirse hacia la razón; laico porque las referencias culturales (Kant, Hegel, Marx, Freud, matemáticas, literatura contemporánea ...) no tienen nada que ver con las religiones tradicionales y permiten atraer al lector moderno. Por otra parte, los escritos de Lacan devienen, con el tiempo, cada vez mas crípticos - característica común a muchos textos sagrados - combinando los juegos de palabra y la sintaxis fracturada; y sirven de base para la exégesis reverente de sus discípulos. Podemos entonces legítimamente preguntarnos si no nos encontramos de hecho con una nueva religión"
Cabe, en primera instancia, distinguir dos críticas, por parte de Sokal y Bricmont.
Una directamente hacia Lacan. La otra dirigida a sus discípulos.
Dado que los propios Sokal y Bricmont hacen jugar en esta segunda los efectos del tiempo transcurrido desde la muerte de Lacan, creo que por estrecha que pudiera ser la relación entre el "maestro", es decir Lacan, y sus discípulos, también es importante diferenciar a uno de otros.
Respecto de Lacan, Sokal y Bricmont deben comenzar por reconocer su conocimiento de los recursos extra psicoanalíticos a los que recurre. Los ejes de la crítica que le hacen son dos:
- Por un lado, que no utiliza esos recursos como "correspondería", es decir, tal como son utilizados y están reglamentados en su campo original.
- Por el otro, una falta de adecuación entre la teoría y la empiria.
Respecto de los discípulos de Lacan, el eje de la crítica pasa por lo que sería una puesta en práctica de lo que ya estaría planteado en los textos mismos de Lacan: un "misticismo laico" que podría pensarse como una "nueva religión".
Comenzaremos por este segundo ítem.
Algunos problemas en la transmisión del psicoanálisis
Ya he señalado mas arriba algunos ejemplos de situaciones que, de alguna manera "sostienen" la denuncia de Sokal.
"Sostienen" en el sentido de que son ejemplos de cierto tipo de imágenes o impresiones que han alcanzado una cierta difusión y forman parte de cierta imagen cultural que está adquiriendo el psicoanálisis lacaniano.
Otra "imagen" de este tipo (para comenzar a ser más precisos con los términos, para el caso, con el de "imagen") lo da uno de los spots publicitarios utilizados en Argentina por Telecom (una de las 2 compañías telefónicas). La campaña publicitaria de que forma parte este spot hace una comparación entre el tiempo de comunicación telefónica que se obtiene por $ 0.68 (1 hora) respecto de la duración y costo de otros servicios.
La escena presenta un paciente en la sala de espera de un psicoanalista. Cuando le llega el turno, el psicoanalista lo saluda con un apretón de manos y, muy "lacanianamente", le espeta, en la misma puerta del consultorio, "no hay que confundir necesidad con deseo" y da por concluida la sesión.
Este spot da cuenta de la asociación cultural que hay entre "lacaniano" y "psicoanalista", y entre "psicoanalista" y ciertas consignas teóricas aparentemente abstractas (el aviso termina con el paciente diciendo "que emotiva que estuvo esta sesión" y la consiguiente de indicación de cuanto se puede hablar por $ 0.68 por Telecom), así como la "moda" de las sesiones cortas.
Supongo que este mismo aviso seria totalmente incomprensible en otras ciudades, pero en Buenos Aires, el mensaje es muy "claro".
De algún modo se plantea la futilidad de sesiones de este tipo (mas valdría gastar el dinero en hablar 1 hora por teléfono), por ende, de este tipo de tratamientos psicoanalíticos (14).
Esta caricatura "popular" de los psicoanalistas, como toda caricatura, no deja de captar rasgos reales de lo que representa, mas allá de la gran deformación que dicha parcialización pueda implicar.
Pero creo que lo que tendríamos que comprender es que la deformación no se da solo en el salto entre los psicoanalistas y su representación en el aviso publicitario, sino que muchos psicoanalistas encarnan ese rasgo real que dicha caricatura subraya. La deformación, entonces, se ha producido antes de dicho salto. Muchos psicoanalistas "son", ellos mismos, ya, una caricatura. Para el caso, una caricatura de la enseñanza de Lacan.
En otros términos, la deformación, ya está al nivel de los propios psicoanalistas.
Esto requiere, entonces, pensar en esa "deformación", en el estatuto de la misma.
¿Acaso la futilidad presentada en el aviso publicitario alcanza a la propia enseñanza de Lacan?
Volviendo entonces a la crítica de Sokal y Bricmont a los discípulos de Lacan, lo que ellos plantean no es solo una cuestión de futilidad sino algo más importante, una caída hacia el lado de la religión.
Este, en realidad, es un tema planteado ya por el propio Lacan:
"La persistente ambigüedad en lo tocante a saber qué del análisis puede o no reducirse a la ciencia, se explica cuando uno repara en que el análisis entraña, en efecto, un mas allá de la ciencia, de La ciencia en el sentido moderno, cuyo status traté de mostrarles en el punto de partida cartesiano. Este aspecto es el que hace al análisis susceptible de recibir el peso de una clasificación que lo coloque a la par de una Iglesia y, por ende, de una religión - sus formas y su historia, por cierto han suscitado a menudo esta analogía" (15).
¿En qué consiste este "mas allá de la ciencia" que hace problemática la situación del psicoanálisis?
Precisamente, en la cuestión del sujeto (que es lo que estará en juego en la cuestión del Ö -1). Por eso esto es algo que ya ha ocurrido también con los discípulos de Freud. Es un problema propio del psicoanálisis (incluso, podríamos decir, de todo campo constituido a partir del abordaje de los problemas de la subjetividad). Si hay algo que las matemáticas y la ciencia pretenden eliminar es la función del sujeto.Aplicado esto al problema de la transmisión, la función que aparece en juego es la del "maestro" ("maître"). Esta función es reducida a cero por la ciencia, por la sencilla razón que su principio consiste en la equivalencia, sin resto, entre lo simbólico y lo real. Esta equivalencia, sin ninguna mediación del sentido o significación, anula, elimina, la importancia de cualquier enunciación en la transmisión del saber. En la ciencia, dicha transmisión es integral y no requiere, para su realización, de la particularidad, habilidad, o ayuda, de ningún "maestro". Consiste en la mera transmisión de las fórmulas y la repetición de los mismos experimentos que las verifican.
La forclusión del sujeto implica, para la ciencia, correlativamente, el sin sentido de la función del maestro.
No obstante ello, en aquellos puntos o situaciones, donde un resto resiste a su asimilación en dicha equivalencia, es decir, en aquellos puntos donde la ciencia todavía se encuentra en una fase de "teorías en experimentación", los nombres propios vuelven a hacer su aparición, llámense Hawkings, Prigogine, o quien sea, como también lo fue en su momento Einstein (16).
Esta situación, en principio transitoria y eliminable en la ciencia, es ineludible en el campo del psicoanálisis. Justamente porque aquí, esta reducción del sentido es imposible.
En psicoanálisis, la transmisión no es sin algo de interpretación, por decirlo de alguna manera.
El psicoanálisis, a diferencia de cualquier otra práctica psi, es una clínica bajo transferencia.
La transferencia, no solo es ineliminable del dispositivo analítico, sino que es la clave misma de la cura.
La estructura misma de la neurosis es la del "sujeto supuesto al saber". Contrariamente a lo que algunos piensan, esta fórmula no se limita solo al campo de la transferencia analítica. Esta última debe entenderse mas bien como una "puesta en forma" particular de aquella estructura general (esto es planteado en Freud en términos de la sustitución de la neurosis por la "neurosis de transferencia").
Y el problema es que la misma transmisión del psicoanálisis no puede liberarse de este tipo de problemas.
La supuesta preferencia por la "teoría" (en detrimento, supuestamente, de la empiria) que Sokal y Bricmont detectan en la enseñanza de Lacan refleja, en realidad, el hecho de que dicha enseñanza siempre ha dado cuenta, muy al contrario de lo que piensan Sokal y Bricmont, de una gran preocupación por reducir al mínimo esta función del "maestro", de una preocupación por formalizar hasta sus límites este problema, lo que implica, justamente, reconocer su rol.
Gran parte de los problemas del psicoanálisis han derivado del forzamiento de las cosas, sea hacia un lado o hacia el otro. Sea hacia el lado de la extrema formalización, cuyo horizonte no puede ser mas que la forclusión del sujeto, al modo de la ciencia. Sea hacia el lado del abandono de toda preocupación de formalización y la deriva en el sentido y lo imaginario.
Esta función del "maestro" en la transmisión del psicoanálisis tiene por consecuencia que, así como no se puede hablar de un análisis en general, sino siempre del análisis de fulano de tal con sultano de tal, la formación de los psicoanalistas siempre está asociada a cierta transferencia (y no son pocos los problemas ligados a la coincidencia o disyunción de la transferencia analítica y la transferencia de trabajo).
Esto implica que en toda transmisión, no dejaran de leerse las marcas personales del respectivo "maestro" (como en todo analizante, las "marcas" de su analista).
El propio Lacan no ha dejado de subrayarlo una y otra vez con relación a Freud, subrayando la importancia y consecuencias que ello ha tenido para el psicoanálisis, como por ejemplo, en el seminario XI ("Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis", de 1964):
La ciencia moderna se distingue de la ciencia en su aurora, discutida en el Teeteto, porque cuando surge [se lève] la ciencia, siempre está presente un amo [maître]. Sin lugar a dudas, Freud es un maestro [maître]. Pero si todo lo que se escribe como literatura analítica no es pura y simple chocarrería, él sigue funcionando como tal, lo cual incita a preguntarse si ese pedúnculo podrá troncharse [allégé] algún día. (17)
La experiencia analítica no es una "experiencia" como en la ciencia. A diferencia de los "experimentos" científicos, en la experiencia analítica, la presencia del analista no puede eliminarse, todo lo contrario (18).
Veamos como presenta Lacan este problema, refiriéndose en ese mismo seminario XI, al tema del inconsciente:
"El inconsciente es la suma de los efectos de la palabra sobre un sujeto, en el nivel en que el sujeto se constituye por los efectos del significante. Esto deja bien sentado que con el término sujeto no designamos el sustrato viviente necesario para el fenómeno subjetivo, ni ninguna especie de sustancia, ni ningún ser del conocimiento en su patía, segunda o primitiva, ni siquiera el logos encarnado en alguna parte, sino el sujeto cartesiano, que aparece en el momento en que la duda se reconoce como certeza - solo que con nuestra manera de abordarlo, los fundamentos de ese sujeto se revelan mucho mas amplios y, por consiguiente mucho mas sumisos, en cuan a la certeza que yerra. Eso es el inconsciente.
Existe un vínculo entre ese campo y el momento, momento de Freud, en que se revela. Expreso ese vínculo comparándolo con la manera de proceder de un Newton, un Einstein, un Planck, proceder a-cosmológico, por lo siguiente - todos estos campos se caracterizan por trazar en lo real un surco nuevo con respecto al conocimiento eterno que cabe atribuirle a Dios.
Paradójicamente, la diferencia que asegura al campo de Freud su más segura subsistencia es la de ser un campo que, por su propia índole, se pierde. En este punto la presencia del psicoanalista es irreductible, por ser testigo de esa pérdida.
(...)
Por esta razón, entonces, la presencia del psicoanalista, aún en la vertiente misma en que aparece la vanidad de su discurso, debe incluirse en el concepto de inconsciente. Los psicoanalistas de hoy tenemos que tomar en cuenta esta escoria en nuestras operaciones, como el caput mortum del descubrimiento del inconsciente. Ella justifica el mantenimiento dentro del análisis, de una posición conflictiva, necesaria para la existencia misma del análisis." (19)
Ahora bien, todo esto también es aplicable al propio Lacan.
En su enseñanza no dejan de imprimirse las marcas de su persona.
Una situación típica al respecto es el sempiterno tema del "hermetismo" de sus textos.
La pregunta planteada, una y otra vez, es la de si dicho hermetismo hace o no a la enseñanza de Lacan, ¿es una cuestión puramente de estilo separada del contenido o define o agrega algo a ese mismo contenido?, ¿tiene valor de enunciado su enunciación?, ¿dice algo más diciéndolo de ese modo?
Una de las escasísimas referencias serias y sistemáticas sobre este tema es el libro "El idioma de los lacanianos" de Jorge Baños Orellana (20), donde se analiza los problemas que este punto ha traído en cuanto a la transmisión del psicoanálisis.
Del mismo tomo una cita de Lacan (21) con su opinión sobre como fueron construidos sus Escritos:
"Yo [a los Escritos] no los hice a propósito para que no los comprendan; pero en fin, ha sido una consecuencia de las cosas: yo hablaba, daba cursos muy hilvanados y muy comprensibles, pero como los transformaba en escrito sólo una vez por año, naturalmente surgía un escrito que, en relación con la masa de lo que había dicho, era una especie de concentrado totalmente increíble, que en cierta forma debe ponerse en agua como las flores japonesas, para que se abran. Es una comparación que vale lo que vale".
Con lo cual se plantea el problema de en qué consiste este "poner en agua".
Traigo a colación este tema del hermetismo porque, al nivel de los psicoanalistas, los problemas que Sokal refiere respecto del uso de las matemáticas u otras nociones de la ciencia, están incluidos dentro de un problema mas general que es el de la cantidad de referencias a otras disciplinas y a otros campos, que hay en sus textos.
Recurriré otra vez al libro de Baños Orellana, para traer a colación un ejemplo de las dificultades que a veces se plantean en la lectura de Lacan.
Es el caso (viene muy al caso, ya que Sokal y Bricmont criticarán el algoritmo usado por Lacan para las relaciones entre significante y significado) de la nota 9 de "La instancia de la letra", que, respecto del tema de la ambición del lógico-positivismo en su búsqueda del sentido del sentido (meaning of meaning) (22), comenta lo siguiente:
"Así, el señor Richards, autor precisamente de una obra sobre los procedimientos apropiados para ese objetivo, nos muestra en otra su aplicación. Escoge para eso una página de Mong-Tse, Mencio para los jesuitas: Mencius on the mind, se llama eso, en vista del objeto de esa pieza. Las garantías portadas a la pureza de la experiencia no tienen nada que envidiarle al lujo de sus puntos de vista. Y el letrado experto en el Canon tradicional en que se inserta el texto es encontrado en el lugar mismo de Pekín adonde la centrifugadora en demostración fue transportada sin mirar en gastos.
Pero no seremos menos transportados y, con menos gastos, viajando en el tiempo, veremos operarse la transformación de la concepción del lenguaje como un bronce que da un sonido de campana ante el más pequeño roce del pensamiento, en otra donde es una especie de trapo para limpiar la pizarra negra del psicologismo inglés más deplorable. No sin poder evitar identificarlo, ¡ay! rápidamente con la propia lisura de la meninge del autor, único resultado que subsiste de su objeto, y de él mismo después de que esa imposible tarea de hallar el significado a la página de Mencius, cumpla con el agotamiento del sentido del uno, y del buen sentido del otro".
Señala, justamente, Baños Orellana:
"la extensión de los saberes [que esta cita] convoca. Al lector le valdrá tener noticias de que I.A. Richards escribió junto a C.K. Ogden, "The meaning of meaning (An invetigation over the influence of lenguage on the mind)", y que su siguiente libro, "Mencius on the mind", resultó de sus investigaciones como profesor visitante de la Universidad de Pekín entre 1929-1930 ("transportado sin mirar en gastos"). Deberá además tener algún ligero recuerdo de la filosofía de los siglos XVII y XVIII, y de su tabula rasa ("la pizarra negra") que lleva escrito el "nihil in intellectu quod non prius in sensu" de Locke. Saber la suficiente anatomía para reírse del chiste de la "propia lisura de la meninge del autor" recordando que la cara interna de la meninge blanda, la piamadre, tapiza siguiendo con exactitud los accidentes de la superficie encefálica, de modo que si se hace mención de su lisura, es que se está hablando de un cerebro sin pliegues, es decir, con escasísima sustancia gris, por lo que, como corolario, se desprende que I. A. Richards, "después de esa increíble tarea", habría quedado prácticamente descorticado para el momento de escribir su libro. Y, fundamentalmente, para poder suscribir la afirmación de Lacan acerca de la imposibilidad de "hallar el significado a la página de Mencius", el lector tendrá que estar al corriente de que en la poesía tradicional china se procedía invariablemente a la elipsis de pronombres personales, preposiciones, conjunciones, términos comparación, verbos y marcadores fonéticos: tal como lo señalado minuciosamente Françoise Cheng, el último profesor de chino de Lacan".
Este tipo de dificultades es el que ha llevado a las mimetizaciones de sus discípulos respecto de su erudición, y las derivas sin fin que las mismas acarrean.
Un psicoanalista antilacaniano, J. C. Volnovich, critica esto en los siguientes términos:
"Su inmensa erudición [la de Lacan] sugiere que ha agotado lo mejor de la tradición conceptual de occidente. De ahí que Lacan remite a textos, citas que los discípulos buscan internándose en disciplinas lejanas, guiados por la convicción que, siguiendo por esas ramificaciones, se llegará a los confines del conocimiento. Así, uno empieza a leer a Lacan y, al poco tiempo, acumula en su mesa de trabajo a Parménides junto a Kant, a Heidegger, a Kojève, a Thom, a las matemáticas con el teorema de Gödel, a la paradoja de Russell, a la teoría de los conjuntos, a Moebius, a Saussure, a Piaget - porqué no - y a tantos más, en una suerte de estudio talmúdico laicizado (...) Y es así como el trabajo infinito que supone entender a Lacan, acerca el riesgo: encandila e impide el ejercicio de la crítica al tiempo que fomenta la creación de sectas lacanianas que comparten una jerga cada vez más esotérica; grupos de psicoanalistas que hablan solo entre ellos, que se entienden solo entre ellos y que eluden por autoexclusión el debate interdisciplinario" (23).
Reencontramos en esta cita una denuncia similar a la de Sokal: "sectas" que comparten "una jerga cada vez más esotérica".
Mi opinión al respecto, y que verifico una y otra vez, es que muchos antilacanianos se escudan detrás de la denuncia de estas impotencias en las que sucumben muchos de quienes intentan abordar la tarea de leer a Lacan, solo para poder excusarse a sí mismos de no poder hacerlo mejor.
Es lo que prueba, de alguna manera, el ejemplo anteriormente referido de Baños Orellana.
La dificultad puede ser grande, pero Lacan no es incomprensible. Aún aquella nota 9 de "La instancia de la letra", aparentemente tan críptica, alcanza su transparencia una vez precisadas las referencias en juego, tal como lo elucida, tomándose el respectivo trabajo, Baños Orellana.
A semejanza de Sokal y Bricmont, J. C. Volnovich y muchos psicoanalistas antilacanianos se limitan a repetir una y otra vez cosas como que "el discurso de Lacan es absorbente porque Lacan jamás muestra o explicita los lazos entre las diferentes disciplinas que convoca para construir esa totalidad" (24), sin dar, en realidad, ellos mismos, prueba alguna de lo que afirman.
Su planteo se limita a algo como esto: "como yo no entiendo esas relaciones, y como no encuentro nadie que me las explique, deduzco que las mismas no existen".
Con lo cual se da una situación donde, en muchos aspectos, aunque su crítica a los discípulos de Lacan pueda ser en gran parte cierta ("sectas", "jerga esotérica", etc.), la misma es inconducente, en el mejor de los casos. Y en el peor de los casos, maliciosa, ya que jugando a la confusión entre Lacan y dichos discípulos pretende extrapolar sobre el primero aquellas críticas que pudieran ser válidas para los segundos, sin que dicha extrapolación sea probada.
En la mayoría de esos casos, lo que prima, en síntesis, es una queja histérica que no hace mas que convocar a un nuevo .... "maître".
Este tipo de quejas, es fruto, también, de los problemas anteriormente planteados respecto de la transmisión en Psicoanálisis
Y si señalo la dimensión histérica de esas "quejas", es justamente, porque, refiriéndose a la histeria, Lacan marca que ahí radica una de las principales limitaciones del psicoanálisis respecto del propio Freud:
"El rasgo diferencial de la histérica es precisamente ése: en el movimiento mismo de hablar, la histérica constituye su deseo. De modo que no debe sorprender que Freud haya entrado por esa puerta en lo que, en realidad, eran las relaciones del deseo con el lenguaje, y que haya descubierto los mecanismos del inconsciente.
Es una muestra de su genio que esta relación del deseo con el lenguaje como tal no haya permanecido oculta a sus ojos, pero eso no quiere decir que haya quedado enteramente dilucidado; ni siquiera, y sobre todo, con la noción masiva de transferencia.
Que para curar a la histérica de todos sus síntomas lo mejor sea satisfacer su deseo de histérica - que para ella es poner su deseo ante nuestros ojos como deseo insatisfecho - deja enteramente fuera de juego la cuestión específica de por qué no puede sustentar su deseo mas que como deseo insatisfecho. Por eso la histeria nos da la pista, diría yo, de cierto pecado original del análisis. Tiene que haberlo. El verdadero no es, quizás, mas que éste: el deseo del propio Freud, o sea, el hecho de que algo, en Freud, nunca fue analizado.
(...) el cuestionamiento del origen, es decir, averiguar mediante qué privilegio pudo encontrar el deseo de Freud, en el campo de la experiencia que designa como el inconsciente, la puerta de entrada.
Si queremos que el análisis se sostenga en pie es esencial remontarse a este origen." (25)
(...)
El campo freudiano de la práctica analítica sigue dependiendo de cierto deseo original, que desempeña siempre un papel ambiguo pero prevaleciente, en la transmisión del psicoanálisis. El problema de este deseo no es psicológico, como tampoco lo es el problema, no resuelto, del deseo de Sócrates. Hay toda una temática que tiene que ver con el status del sujeto, cuando Sócrates postula no saber nada aparte de lo que toca al deseo. Sócrates no coloca al deseo en posición de subjetividad original, sino en posición de objeto. Pues bien, también en Freud, se trata del deseo como objeto" (26).
La mayor parte de los desarrollos de Lacan ligados a las matemáticas, a la topología, y a la lógica, están relacionados, precisamente, con la formalización del deseo como objeto, cuya conceptualización se presenta a partir del seminario X ("La angustia") con la noción del "objeto a" como causa del deseo (aunque hay antecedentes ya desde el seminario VI, "El deseo y su interpretación", en adelante).
Todo esto, obviamente, no elimina la pregunta acerca del porqué de ese estilo en Lacan, del porqué de la necesidad de todas esas referencias. Pero insisto, de ello no se pueden derivar críticas como las anteriormente indicadas.
Por todas estas razones, también suelen cobrar importancia muchos aspectos de la personalidad de Lacan.
Desde siempre se ha señalado la diferencia en las marcas que ha tenido esa enseñanza sobre aquellos que la recibimos en forma escrita de aquellos que la recibieron en forma oral y presencial. Mas de uno ha subrayado el obstáculo que la propia figura de Lacan constituía para la transmisión de su letra.
Nunca me he interesado mucho en ese tema. Pero es algo que no deja de percibirse en muchos de los problemas del psicoanálisis francés. Quizás, algún día, alguien pueda, con la distancia requerida para esas tareas, realizar una "biografía" y un ordenamiento de la obra, que vaya mas allá de los odios de la despechada Roudinesco o del uso gerencial del "maître" Miller.
La cuestión, para resumir este punto, es que la transmisión del psicoanálisis no puede eximirse de la operación de una suposición de saber en algún "maestro". Y esta es la situación que da pie a todos los efectos de "religión", "secta", etc.
Una última referencia de Lacan me servirá para dar cuenta de cómo entiendo, personalmente, esta relación.
En el texto "La cosa freudiana", hablando de la disciplina del comentario de textos, Lacan indica que esa interrogación debe servir "no solo para volver a situar una palabra en el contexto de su tiempo, sino para medir si la respuesta que aporta a las preguntas que plantea ha sido o no rebasada por la respuesta que se encuentra en ella a las preguntas de lo actual" (27).
El término "maître" (28), en francés, conjuga varios sentidos, que en castellano se distribuyen en diferentes palabras, en particular las palabras "maestro" (29) y "amo" (30).
Quizás no todos se dirigen hacia Lacan como hacia un "maestro" a quien se le supone saber algo respecto de las preguntas que a cada cual le surgen de la práctica clínica. Muchos se dirigen a él como a un "amo" de la verdad.
La posición en que se lo ubique no depende del propio Lacan (al menos ahora que está muerto), sino de quienes se dirigen a sus escritos. Y al confundir la posición de "amo" en la que algunos lacanianos ubican a Lacan, con la única posición en la que cabría ubicar su obra, muchos antilacanianos caen en esa queja histérica de denunciarlo como "amo".
Lo importante, según mi punto de vista, es si cada cual ha encontrado o no en los textos de Lacan, alguna respuesta a las preguntas que la clínica le ha planteado.
Esto excluye, entonces, que los textos de Lacan sean los únicos que puedan dar respuestas. Y también excluye que dichos textos contengan todas las respuestas.
La situación se plantea vez por vez.
Y las respuestas que se obtengan, obviamente, dependerán de cómo se lo ha interrogado.
Es en ese sentido que, tanto la posición histérica como la obsesiva, difícilmente permitan ir mas allá de alguna queja de insatisfacción o de imposibilidad.Es posible que la acumulación de libros de Heidegger, Kojève, etc., le haya resultado inútil a Volnovich o a muchos otros.
No es mi caso. Y dudo que sea el único.
Las lecturas a las que conduce Lacan, al menos según mi experiencia, son siempre muy interesantes y edificantes. Claro que si uno las realiza sin el norte de las preguntas clínicas difícilmente alcance a distinguir el punto a partir del cual dejó de encontrar referencias ampliadas y comenzó a pretender ser un especialista en Aristóteles, en matemáticas, o en lo que sea.Y, obviamente, cuando la situación se plantea en términos de que la obra de Lacan sea la única que contenga, todas y cada una de las respuestas (así sea por este efecto imaginario, que bien denuncia Volnovich, de que en la obra de Lacan quedaría incluido, integrado, todo el saber de occidente, y porque no de oriente también), entonces, obviamente, la situación "dérape" (31), y lo que prima son los efectos de religión, etc.
En ese sentido, es llamativo como muchos lacanianos han abandonado completamente la lectura de otros psicoanalistas, en particular de los postfreudianos, olvidando, quizás, que muy probablemente Lacan no hubiese podido avanzar mucho, por ejemplo, si no hubiese contado ya con los impasses a que conducía la exploración de lo imaginario por parte de M. Klein.
Esto implica, tener presente que las respuestas, muchas veces, se encuentran, no tanto en los aciertos como en los impasses a los que pueden conducir respuestas equivocadas (a veces es tanto o más importante, o útil, tener claro cual es la respuesta equivocada y adonde la misma conduce que tener claro cual sería la adecuada). Muchas de las enseñanzas, en Lacan, resultan no de sus aciertos sino de los impasses a que los que han conducido sus propios desarrollos. La etapas y variaciones en la enseñanza de Lacan, justamente, dan cuenta de muchos giros y correcciones que él mismo ha realizado respecto de sus formulaciones anteriores.
El texto que vamos a analizar a continuación ("Subversión del sujeto", los fragmentos criticados por Sokal y Bricmont), da cuenta, justamente, de una situación de impasse a la que conduce la pura lógica del significante.
Este texto fue presentado al congreso que, bajo los auspicios de los "Coloquios Filosóficos Internacionales" se realizó bajo el título de "La dialéctica" entre el 19 y 23 de septiembre de 1960, es decir, en vísperas del seminario VIII sobre "La transferencia" y luego del seminario VII sobre "La ética del psicoanálisis", es decir, cuando la noción de goce comienza a hacer su aparición, pero cuando aún no está disponible la noción de "objeto a".
Y el problema, entonces, es como dar cuenta de esa noción de goce con los recursos disponibles hasta ese momento.
La lógica del significante
Vamos a analizar entonces los fragmentos que critican Sokal y Bricmont. Para lo cual tendremos en cuenta la integralidad del texto de Lacan comprendido entre las páginas 799 y 801 de los Escritos ("Subversión del sujeto y dialéctica del deseo", Escritos 2, Ed. Siglo XXI).
Para ello tendremos que comenzar justamente por un punto de "falta": aquella parte "omitida" del primer fragmento abordado por Sokal y Bricmont (que reproduje, indicándola en color azul, mas arriba, cuando reseñe el capítulo del libro de Sokal y Bricmont dedicado a Lacan).
Se trata, en particular, de la nueva definición del significante que Lacan introduce en este texto: "un significante es lo que representa al sujeto para otro significante", que podemos escribir de la siguiente manera:
S1à S2
---
$Esta definición es fundamental en la obra de Lacan, y sin ella difícilmente se pueda entender algo de lo que sigue en este texto.
En ese fragmento, Lacan aborda la noción del
, el significante de la falta en el Otro (ya veremos que quiere decir esto). Y ese abordaje, que conducirá a la cuestión del -1 y la raíz cuadrada del -1, es tributaria de aquella definición del significante, puesto que, en primer término, este
es un significante.
En consecuencia, aplicándole dicha definición, tendremos estas dos posibilidades:
à S
-----
$o bien,
Sà
--
$donde S es cualquier significante
Lacan opta por la segunda posibilidad, pues refiere al
como aquél significante ante el cual los demás significantes representan al sujeto: "este significante será pues el significante por el cual todos los otros significantes representan al sujeto".
En ese sentido, sobre
se traslada la paradoja de Russell, la que resulta del problema de si el elemento que designa al conjunto es miembro o no de dicho conjunto.
Lacan ya se había encontrado, en sus conceptualizaciones del significante, con este tipo de paradojas. En cierto momento (seminario V, "Las formaciones del inconsciente") lo había resuelto con la noción del significante Nombre-del-Padre, el significante de la ley en Otro, es decir, el Otro del Otro. Pero ya en el seminario siguiente ("El deseo y su interpretación") da marcha atrás y plantea que no hay Otro del Otro.
Esta nueva definición del significante busca resolver de otro modo este problema.
Ahora la "excepción" toma otra forma. Y lo que sigue a esta definición, en esta página 799 de los Escritos, viene a dar cuenta de esta nueva "solución".
Por eso es llamativo que Sokal y Bricmont hayan omitido esta definición. Como acabo de indicarlo, toda la cuestión del falo y la raíz cuadrada de -1 es correlativa de esta definición del significante y forma parte de lo que la misma aporta, tanto como soluciones y como impasses (32). Esta omisión por parte de Sokal y Bricmont, por lo tanto, testimonia de su exterioridad respecto de lo que pretenden analizar y su profunda incomprensión del problema en juego.
Antes de volver a este fragmento, vamos a dar una pequeña vuelta por la topología, pues la misma nos permite pensar de otro modo esta "excepción". El ejemplo mas claro es el del toro, que puede pensarse como una sucesión de anillos al estilo de un resorte que se cierra sobre sí mismo. Con este dispositivo, si recorremos esa cadena de anillos, al final, además de dar todas las "vueltas" en anillo sobre la "superficie" del toro así definido, es decir, siguiendo el recorrido de los anillos, habremos dado también una vuelta no prevista, en torno a otro "agujero", una vuelta de más, de más en el sentido de que no puede ser contada como tal en la serie de vueltas de los anillos pues el número de vueltas siguiendo los anillos es igual a la cantidad de esos mismos anillos.
Esta "vuelta" en más, es la que resulta en torno al "agujero" central del toro, es decir, al espacio "exterior" al que, en principio, los anillos rodean. También podemos decir, a la inversa, que nuestra suma cuenta una "vuelta" menos.
Como se ve, también se trata de una "vuelta", pero que no es la misma que las demás.
Ahora bien, en este texto, en vez de seguir la vía topológica, Lacan elige la vía matemática.
Esto es lo que se plantea a partir de la definición del significante.
En efecto, si consideramos a S1 como el conjunto de los significantes que representan al sujeto, a ese conjunto le falta un significante: S2
A la inversa, si S2 es el conjunto de los significantes para los que S1 representa al sujeto, a ese conjunto le falta un significante: S1
Cualquiera sea el caso, "falta" un significante en el respectivo conjunto. Al tiempo que este elemento, en menos, o en más, según como lo consideremos, implica también cierta heterogeneidad respecto de los demás.
Esta situación diferencial (33) es planteada por Lacan del siguiente modo:
Ahora bien, puesto que la batería de los significantes, en cuanto es, está por eso mismo completa, este significante no puede ser sino un trazo que se traza de su círculo sin poder contarse en él. Simbolizable por la inherencia de un (-1) al conjunto de los significantes.
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Or la batterie des signifiants, en tant qu' elle est, étant par là même complète, ce signifiant ne peut être qu' un trait qui se trace de son cercle sans pouvoir y être compté. Symbolisable par l' inhérence d' un (-1) à l' ensemble des signifiants
Esta situación, y esta heterogeneidad, es provocada por la inclusión del sujeto.
Al nivel del enunciado, en otras palabras, al nivel de los significantes definidos en términos lingüísticos, el conjunto se presenta completo: en ninguna lengua faltan palabras. Lo que introduce este descompletamiento es la enunciación, la dimensión del sujeto.
La definición del significante de Lacan, a diferencia de la definición lingüística, busca dar cuenta de esta inclusión problemática, propia de la experiencia psicoanalítica. Indica que este problema lógico surge en la medida en que hay un sujeto parlante, en la medida en que, en el lenguaje, pasamos de la estructura sincrónica (propia de la disponibilidad previa del conjunto de los significantes) a la diacronía del despliegue de la palabra, a la diacronía de la serie que se infinitiza en la búsqueda de un límite que acote la significación.
La definición del significante, tal como lo señala Lacan, plantea que sin ese significante ante el cual los demás representan al sujeto, "a falta de ese significante, todos los otros no representan nada". Y si "todos los otros" no representan nada, dejan de ser "todos los otros", pues deja de haber ese rasgo que les era común, el de "representar al sujeto para otro significante". Este rasgo común es el que haría de ellos, justamente, un "todos los otros", es decir un "todos" definido a partir de la "excepción" que implica el "otros": ser otros que ese para el cual el sujeto es representado. Sin este, "todos los otros", primero, no representan nada, segundo dejan incluso de ser "todos los otros", pues deja de estar la referencia respecto de la cual ser ese "todos los otros".
La paradoja consiste en que, al introducir la enunciación, el sujeto, no puedo hacer un conjunto de significantes sin que le falte uno. Es imposible hacer un universo del discurso.
Salvo que admita en ese conjunto la coexistencia de dos propiedades contradictorias para el significante (contradictorias porque, por ejemplo, para el caso de la definición del significante que da Lacan, un significante no puede, representar a un sujeto para otro significante y, al mismo tiempo, (no olvidemos que estamos considerando la situación diacrónica que implica la enunciación) ser ese otro significante para el cual el sujeto es representado). Pero si admitiera esta coexistencia de propiedades contradictorias, la noción misma de conjunto se desvanece; el conjunto se revela inconsistente!!. Para salvar esta inconsistencia, lo que es lo mismo que decir: para que la noción misma de conjunto pueda existir, es necesario que el mismo sea incompleto!! es decir, le falte un elemento. Esto es lo que demuestra el teorema de Gödel.
El concepto freudiano de represión primaria responde a esa falta insalvable de un significante. La "falta" del S2 (del Vorstellung Reprâesentanz freudiano) es, podría decirse, la incompletud que permite que la batería de significantes funcione, evitando su inconsistencia, pero al costo, justamente, de .... una incompletud!
Eso es el inconsciente. Ese es el sujeto que corresponde al psicoanálisis: un sujeto que se constituye, precisamente, a partir de su propia sustracción. Pero el problema, a la vez, es que debe poder contarse en la batería (34).
Veremos que el sujeto se sustrae como significante y se incluye como objeto
Ese es el meollo del problema que se plantea a partir de aquí, y al que se aboca lo que sigue del texto de Lacan, y para lo cual hará uso del famoso algoritmo que Sokal y Bricmont critican, sin prestar atención a lo que dice el propio Lacan respecto de sus incursiones en la lógica y las matemáticas. En este mismo texto de "Subversión del sujeto", entre los dos párrafos seleccionados por ellos, Lacan señala que este interés suyo por "los lugares donde la lógica se desconcierta por la disyunción que estalla de lo imaginario a lo simbólico", y por "las paradojas que allí se engendran", no apunta a su "falso brillo" sino a la "hiancia que designan".
Y lo que de ahí podría extraerse es "el método de una especie de cálculo cuyo secreto sería revelado por la inadecuación como tal"(35).
Vayamos entonces al algoritmo en cuestión.
La reformulación del algoritmo Saussureano
El algoritmo planteado es
S (significante)
------------------- = s (enunciado)
s (significado)A esta altura de la enseñanza de Lacan ya todos sabían, y todos saben, que esto no escribe una fracción matemática en forma estricta, ni mucho menos. Ya vimos mas arriba que el propio Lacan es el que se encarga de recordar, dos páginas mas lejos, que se trata de un uso "desviado" del algoritmo, respecto de lo que serían las reglas matemáticas asociadas.
Incluso, son conocidas como desviaciones los desarrollos en que incurrieron aquellos que no supieron ver esa diferencia, y que, por lo tanto, intentaron forzar la vía de la reducción según las reglas propias del algoritmo matemático. Es el caso, por ejemplo de Leclaire y Laplanche, quienes, en un artículo famoso (36), en una época en que formaban parte del staff más permanente y sólido de los discípulos de Lacan, por tratar este algoritmo de un modo "demasiado" matemático, terminaron haciendo conclusiones totalmente opuestas a las de su maestro.
Motivo por el cual fueron criticados mas de una vez por Lacan.
Ahora bien, esta no es una "deformación" de esa época, sino que viene del tiempo de sus primeras conceptualizaciones sobre el significante a partir de los desarrollos de la lingüística.
El uso de la escritura al estilo de las fracciones matemáticas no indica una operación de división, sino que proviene de una previa modificación del "algoritmo" de Saussure, que Lacan retoma en el texto "La instancia de la letra", cuando comienza a desarrollar su propia teoría, psicoanalítica, del significante.
Recordemos una vez mas que el psicoanálisis parte de una experiencia con la palabra. Esto es algo que no debemos olvidar en ningún momento. El psicoanálisis no consiste ni en la realización estadística de un censo de lo normal y lo anormal, ni en la descripción del funcionamiento de la inteligencia.
El estatuto de lo real en juego en psicoanálisis resulta de este marco de la palabra misma.
Por eso, lo real en psicoanálisis no puede matematizarse como si se tratara de una ciencia de la naturaleza, como si el objeto en juego tuviera el mismo estatuto que la naturaleza para la ciencia.En consecuencia, todos y cada uno de los usos y apelaciones lacanianas a nociones o recursos de las matemáticas o de la ciencia, es completamente original.
El recurso a las matemáticas busca, podríamos decir, la misma reducción del margen de la intuición que el uso de las letras pudo aportar, en su momento, a las propias matemáticas, respecto de las épocas en que las mismas estaban signadas por las perifrases. Como dice N. Charraud: "la letra tacha las desviaciones posibles de la intuición, es sobre la base de la letra y de su cálculo que las matemáticas no son un delirio y que se extraen de lo inefable y lo esotérico" (37).
Es a este aspecto literal de las matemáticas a lo que Lacan siempre ha acudido.
El punto, a diferencia de las matemáticas o la ciencia, es que el cálculo, las reglas aritméticas que regulan el funcionamiento de las letras, en psicoanálisis, nunca pueden agotar la dimensión interpretativa, la dimensión de la significación.
Con lo que, por mayor formalización que el matema pueda aportar, el mismo no garantiza nunca la integridad de una transmisión. Y en ese sentido, tampoco puede establecer una garantía contra su uso en un sentido exactamente contrario: la magia y el misticismo.Volviendo al llamado "algoritmo" Saussureano, el mismo es el que viene a esquematizar la noción de signo en lingüística.
Su primera expresión, tal como es indicada en el curso de lingüística general de Saussure, publicado por C. Bally y A. Sechehaye, es la siguiente:
Saussure propone denominar significante a la "imagen acústica" y significado al "concepto", reservando el término "signo" para designar el conjunto.
Es decir
Aplicado, por ejemplo, a la palabra latina "arbor", cuyo concepto asociado es el de árbol, tenemos:
Y se interpreta, lógicamente, de la siguiente manera
El círculo exterior y las flechas indican una función que relaciona dos variables, que son las expresadas a ambos lados de la barra, es decir, un función que relaciona los elementos de dos conjuntos: el conjunto de los significantes de un lado, y el conjunto de los significados del otro
y=f(x)
En realidad, el propio Saussure se percata de que las relaciones entre significante y significado en el lenguaje no responden a la simpleza de esta función. El capítulo V de su curso, dedicado al tema del "valor", subrayará el carácter puramente arbitrario y diferencial de los elementos en el lenguaje, entrando en una serie de contradicciones y oscilaciones:
- "el valor de todo término está determinado por lo que lo rodea" (38)
- "en la lengua no hay mas que diferencias (...) en la lengua sólo hay diferencias sin términos positivos"
- "aunque el significante y el significado, tomado cada uno aparte, sean puramente negativos y diferenciales, su combinación es un hecho positivo" (39).
Lacan plantea que "el momento constituyente" de este algoritmo es fundacional para la lingüística moderna y lo reescribe como
Significante
----------------
Significadoquitando el círculo y las flechas (es decir, descartando la relación puntual entre significante y significado), invirtiendo el orden, e indicando que el mismo se lee como "significante sobre significado", donde el "sobre" "responde a la barra que separa sus dos etapas".
La barra, en consecuencia, no indica una división entre significante y significado sino "la posición primordial del significante y el significado como órdenes distintos y separados inicialmente por una barrera resistente a la significación".
"Esto es lo que hará posible un estudio exacto de los lazos propios del significante y de la amplitud de su función en la génesis del significado" (40) (subrayado mío).No se trata entonces de una función de relación entre dos conjuntos preestablecidos (significantes y significados) sino de un estatuto causal del significante respecto de la significación.
Una noción que, retroactivamente, permite formalizar la teoría del significante desarrollada por Lacan a partir de mediados de los años 50, es la de "saber inconsciente". La misma permite pensar al inconsciente como sincrónico y topológico, en el sentido de la topología de los entornos.
Es desde ese punto de vista que puede abordarse el isomorfismo planteado en "La instancia de la letra" entre la metonimia y la metáfora con el desplazamiento y la condensación freudianos, respectivamente (planteado, en realidad, por Lacan, directamente, como una equivalencia).
Remito al texto de N. Charraud (41) para ver en detalle esta cuestión.
Resumo aquí, solamente, la cuestión de cómo, de este modo, la significación puede reducirse a la topología (entendiendo por significación, idealmente, lo que entrelaza el significante y el significado).
Para ello, corresponde tener presente lo siguiente:
"Sobre un conjunto dado, un gran número de topologías son posibles. Estas se ordenan según un enrejado, entre dos topologías extremas:
- la topología grosera, en donde la mera cercanía, cualquiera sea el significante, es el conjunto entero de significantes. En este caso, todo remite a todo, y la confusión será total a nivel de la significación. Esta topología, evidentemente, no está separada
- la topología discreta, que se caracteriza por el hecho que cada elemento tiene como base de cercanía el conjunto reducido en ese punto. En este caso, cada significante no puede estar asociado sino a sí mismo, y la significación está completamente congelada. Esta topología está bien separada, pero está constituida por puntos aislados"(42)
Esto nos permitirá precisar dos cosas: la castración simbólica y la significación fálica.
La primera es el nombre que Lacan asigna a esta necesidad del lenguaje, para que el mismo pueda funcionar, para que pueda enunciarse algo mas que alusiones, de que al menos dos significantes estén "separados", es decir, dispongan de entornos que no se superpongan.
La escritura lacaniana S1-S2 si bien en un sentido escribe la concatenación significante también escribe esta "separación" topológica.
La castración simbólica asegura entonces que la topología no es muy "grosera" y que alguna significación es posible.
Sobre un conjunto finito (como lo es la batería significante) esto implica la existencia de, al menos, un punto de excepción.
Este punto de excepción es lógicamente necesario y es el que define la significación posible, que para el psicoanálisis, es la "significación fálica".
El Falo o el Nombre del Padre son entonces los nombres de esta excepción, de este significante especial, cuya función es la de unir entornos significantes, que de lo contrario estarían separados.
Esto es lo que escriben las famosas fórmulas de la sexuación del lado masculino.
Por un lado tenemos en entorno de los x y por el otro la excepción.
Lo primero se escribe " x j (x)
Lo segundo se escribe $x `j (x)
Podríamos seguir ahora con el lado femenino. Pero hemos dicho que íbamos a dedicarnos al tema del famoso raíz cuadrada de -1, así que llegaremos hasta aquí con esto, y volveremos al texto de Lacan "Subversión del sujeto".
La raíz cuadrada de -1
Volvamos a escribir el "algoritmo".
S (significante)
-------------------- = s (enunciado)
s (significado)Lo que tenemos a la izquierda, entonces, es el algoritmo de la relación significante/significado previamente comentado.
Lacan hace equivaler esta relación al enunciado
En realidad, la dificultad en todo esto no está tanto en la escritura y forma del algoritmo como en las razones de la equivalencia planteada, en segunda instancia, entre el significado y el enunciado, que es desde donde se "deduce" la raíz cuadrada de -1, a partir de hacer funcionar, momentáneamente, la barra y el signo "=" como si fuera el caso de una fracción matemática.
Lo que tenemos que tener presente es que lo que Lacan intenta abordar es el acto de decir antes que el contenido de lo dicho. Por eso hace equivaler significado y enunciado
Lo que quiere aprehender es cómo interviene en esto la enunciación.
El significante
no puede aparecer en el enunciado porque, en tanto imposible de incluirse en la batería de los significantes sino como uno en menos, es impronunciable.
Pero lo que indica Lacan es que su operación no es impronunciable.
Y esto es lo que se trata de precisar: la intervención de ese significante impronunciable en la génesis de la significación.
La operación que tenemos que estamos analizando es la que corresponde al acto de la enunciación inconsciente.Veamos en qué sentido podría ser útil tomar la referencia de la raíz cuadrada de -1.
En matemáticas también se usan letras para representar ciertos números especiales, como por ejemplo "p " y "e", ya que los mismos no pueden escribirse con cifras.
En estos ejemplos, estos números sólo pueden obtenerse como el "salto al límite" de una serie.
En el caso de "e", las sucesiones posibles son:
e = lim ( 1 + (1/n) )n (para n tendiendo a infinito)
o también:
e = lim å (1/n!) = ( (1/2!) + (1/3!) + ... + (1/n!) ) (para n tendiendo a infinito, y donde n! = 1*2*3*..*n)
En cambio "p " es el resultado de un producto infinito (límite de productos parciales finitos), así como el de una suma infinita, que se puede obtener a partir de la igualdad
p = 4 * arctg (1)
Tanto "p " como "e" podrían asociarse, por analogía, al "impronunciable" de Lacan, pero no es a estos ejemplos a los que de hecho acude, sino a otro número "especial", la raíz cuadrada de -1, para cuya denominación se utiliza la letra "i".
El "i" de la raíz cuadrada de -1, a semejanza del "p " y el "e" no puede ser representado por cifras, y a semejanza del "p " y el "e," también se lo podría definir como un símbolo que representa una idea abstracta, pero precisa, y que además obedece a todas las reglas de la aritmética, hecho que justifica su existencia.
Pero a diferencia del "p " o el "e", el "i" presenta otras características. La "idea abstracta" en juego con el "i" no tiene el mismo estatuto que la del "p " o el "e".
A estos dos últimos se los llama también números trascendentes, a diferencia del "i". Esto significa que no pueden obtenerse a partir de un polinomio de números racionales (o enteros, da lo mismo) (salvo que los coeficientes sean reales), como si es el caso de "i", que resulta de
x2 + 1 = 0
Por eso "i" es denominado "algebraico" en tanto que "e" y "p " se denominan "trascendentes". En ese sentido, podríamos decir que "e" y "p " son "más irracionales" que "i".
El punto que importa aquí es que "i" representa, en el álgebra actual, la cerradura del cuerpo R, donde R es el conjunto de los números reales. Se dice que es un "cuerpo" (una de las tantas estructuras algebraicas conocidas) porque tiene dos operaciones, suma y multiplicación, ambas conmutativas, asociativas, que tienen neutro, y donde hay inverso.
El número "i" es lo mínimo que hay que agregar para que R se aumente y se transforme en un cuerpo algebraicamente cerrado.
El "i" es lo mínimo que hace falta agregar para que TODO polinomio tenga 'resolución' (i.e., al menos una raíz). Si no fuera por el "i", hay muchos que se quedan afuera.
La importancia del raíz cuadrada de -1, por lo tanto, no se reduce a su carácter "imaginario", término con el cual se intenta expresar su difícil aprehensión por el sentido común.
Su importancia radica también en su operatividad.Es a esta característica especial de "i" a lo que apunta Lacan con la elección de este recurso.
He tomado los ejemplos de "p " y "e", además de "i" porque quisiera aprovechar esta instancia para comentar el tratamiento que de esta cuestión hace A. Eidelsztein en su excelente libro "El grafo del deseo" (44) (libro bastante popular en la Facultad de Psicología de la UBA)
Al comentar estos mismos párrafos de Lacan, Eidelsztein apela a dos referencias respecto del "i".
Por un lado intenta representarlo como la "media geométrica" de un triangulo que luego transportará sobre el plano cartesiano (entre -1 y +1 para el eje X y +1 sobre el eje Y).
Creo que la referencia al triángulo ("Tomemos ahora este triángulo" (45) dice Eidelsztein) puede confundir un poco las cosas.
Esto en el sentido de que podría inducir a pensar que AD se "dibuja" "luego" de dibujar el triángulo ABC. Pero si la secuencia se piensa en ese orden entonces el valor de AD no depende solo de BD y DC sino también de AB y AC.
Si tomamos el triángulo tal cual, es decir, si queremos tomar en cuenta los tres vértices del mismo, como primeros (siguiendo la secuencia de las letras) entonces la fórmula de la "media geométrica" debería tomar los tres argumentos y no solo dos como lo hace Eidelsztein al plantear la fórmula
AD= Ö (BD.DC)
La construcción del triángulo en el libro de Eidelsztein, en realidad, debe tomarse como segunda.
Primero se traza el segmento BC, "luego" se establece el punto D, y "luego" el segmento AD en forma vertical a partir del punto D. En otras palabras, el punto A es el último que se ubica, en función de la definición de los fragmentos BD y DC.Esto porque la "media geométrica" en cuestión es mas bien la que se aplica a los números, es decir, valores reales antes que puntos de un plano. Para lo cual vale entonces la ecuación utilizada por Eidelsztein. En efecto, la "media geométrica" de dos números es la raíz cuadrada del producto de esos dos números. En términos generales, la "media geométrica" de "n" números es la raíz "enésima" del producto de esos "n" números.
En síntesis, creo que la referencia gráfica al triángulo introduce mas confusiones que claridad, y por eso mismo me parece que no tiene sentido su posterior transposición sobre el plano cartesiano. Y mucho menos el gráfico siguiente donde se pretende "graficar" el "i" (46