Comentarios de textos

Las tres formas de la "falta de objeto"
(Comentario de algunas sesiones del seminario IV "La relación de objeto y las estructuras freudianas")

1 - La "falta de objeto"

La "falta de objeto" es el nombre lacaniano del objeto perdido del deseo freudiano, el cual funciona como condición de posibilidad de las dos series de objeto en Freud: el objeto de la pulsión y el objeto de amor.

En el seminario IV, Lacan aborda este problema con el análisis de tres formas clínicas del objeto: el fetiche, la fobia y el falo (histeria)

La estructura metafórica del objeto fóbico será la que lo conducirá a la metáfora paterna, en el seminario V, y lo que le permitirá salir de las impases clínicas del esquema L respecto del Edipo y la castración. En cambio, la futura ubicación del objeto como real se esboza mas bien por el lado del caracater quebrado del objeto de la metonimia, en ese incesante deslizamiento donde se instala el agujero, en el intervalo mismo entre los significantes, y su relación con la causa.

Lacan ordena la cuestión de la falta de objeto mediante un cuadro de doble entrada, con los tres registros en un eje y la tripartición acción, objeto y agente, en el otro.

Acción
(Sujeto)
Objeto Agente
Frustración
(imaginaria)
Real
(pecho)
Otro simbólico
(madre)
  Simbólico
(don)
Otro real
(madre como potencia real)
Privación
(real) (castración materna)
Simbólico
(falo simbólico )
Imaginario
Castración
(simbólica)
Imaginario
(falo imaginario -)
Real

Las formas de la falta se ubican debajo de la acción, la cual es padecida por el sujeto. El sujeto es aquí sujeto sujetado a la acción de un agente, lugar donde se ubicarán los diferentes rostros del Otro. El objeto, por su parte, se deduce a partir de la forma de la falta que se introduce en el sujeto.

Esto implica dos cosas: por un lado, que no todos los agujeros son iguales , y por el otro, que el sujeto y el objeto comparten una comunidad topológica (Lacan retomará las tres formas de la falta en sus análisis topológicos del toro en los seminarios IX y XII). En síntesis, comienza a delinearse una solidaridad entre el sujeto del inconsciente y el objeto

También es importante tener presente que, a partir de este seminario, lo imaginario sufre una ampliación muy importante, incluyendo objetos otros que los especulares, e inclusive objetos excluidos (como es el caso del falo) de la imagen especular.

La dimensión del agente subraya la dependencia estructural de las formas de la falta respecto del Otro en tanto lugar del significante, mas allá de su encarnación en la madre o el padre y, sobre todo, mas allá de la dimensión "subjetiva" que hasta entonces había tenido ese Otro.

Finalmente, recordemos que de las tres formas de la falta, solo una es de neta raigambre freudiana: la castración. La frustración, en cambio, es tomada de las teorías posfreudianas de la relación de objeto, y la privación de las teorías E. Jones.

2- La frustración

La noción de frustración es fundamental para poder delimitar la serie de estas operaciones.

El centro de la noción de frustración, en tanto que una de las categorías de la falta de objeto, es del daño imaginario. Es a nivel imaginario que se ubica la correspondiente dimensión subjetiva.

El objeto, en cambio, es real, donde real no se diferencia aquí demasiado de realidad.

La función del agente introduce, luego, al Otro como objeto de amor. En consecuencia, el Otro de la intersubjetividad de los seminarios anteriores y el Otro del reconocimiento del deseo, quedan ubicados en el marco de una continuidad con el objeto de amor. Es decir que un elemento, la persona, el otro, hasta ahora ubicado en el registro imaginario especular, es diferenciado, y situado al nivel del Otro, como agente.

Este lugar tercero del Otro como agente, en sus coordenadas simbólicas, diferenciado del objeto real y del matiz imaginario de la vivencia subjetiva, subraya su ajenidad respecto de cualquier mecanismo de proyección.

Lacan aborda la noción de frustración desde el término freudiano de Versagung, que significa renuncia, una palabra rota, la anulación de una promesa. Por lo tanto, aunque la ubica en el registro imaginario (el cual, como lo señalamos, ha sufrido una ampliación, mas allá del registro especular a-a'), se subraya su subordinación respecto del registro de lo simbólico

Respecto de la frustración, "mucho se aclara si la abordamos de la siguiente manera, hay desde el origen dos vertientes de la frustración"(1): frustración de goce y frustración de amor.

"La frustración del amor y la frustración del goce son dos cosas distintas. La frustración del amor está en sí misma preñada de todas las relaciones intersubjetivas que a continuación podrán constituirse. La frustración del goce no lo esta, en absoluto.

Contrariamente a lo que suele decirse, no es la frustración del goce lo que engendra la realidad, como muy bien vio el señor Winnicott, desde luego, con la confusión habitual que se lee en la literatura analítica. No podemos fundar ninguna génesis de la realidad en el hecho de que el niño tenga o no tenga el pecho. Si no tiene el pecho, tiene hambre y sigue gritando. Dicho de otra manera, ¿qué produce la frustración del goce? Produce a lo sumo un relanzamiento del deseo, pero ninguna clase de constitución de objeto, en absoluto. Esto precisamente lleva al señor Winnicott a indicarnos algo que en verdad puede captarse en el comportamiento del niño como ilustración de un progreso efectivo, progreso que requiere una explicación original" (2).

En consecuencia, para Lacan, el acceso a la realidad se da a partir de la frustración de amor, la que ordena dicho acceso en función de la alianza y la ley, y no de una experiencia empírica de la realidad, a diferencia de M. Klein, para quien el acceso a la realidad se da por un proceso de psicogénesis del símbolo a partir del objeto de goce real y por un aprendizaje emocional del ensayo y error (es decir, hace derivar la realidad a partir de la frustración de goce).

D. Rabinovich (3) subraya la importancia de precisar estas dos vertientes de la frustración para poder diferenciar las dos series del objeto: la de la pulsión y la del amor.

La frustración de goce es frustración de una demanda vinculada con la satisfacción en cuanto tal. Para Lacan, el objeto real (el objeto de la frustración de goce) queda incluido en el eje a-a', circulando dentro de la dinámica imaginaria, y es equiparado, incluso, al objeto transicional (en lo imaginario quedan ubicados tanto los objetos propios del narcisismo como los de las pulsiones parciales).

La frustración de goce es asociada al autoerotismo y permite la delimitación del objeto pulsional: "un objeto real adquiere su función en tanto parte del objeto de amor, adquiere su significación en tanto simbólico, y la pulsión se dirige (s’adresse) al objeto real en tanto que parte del objeto simbólico, deviene, en tanto objeto real, una parte del objeto simbólico" (4) (subrayado mío).

El paso de la frustración de goce a la frustración de amor intenta articular el planteo freudiano de Inhibición, Síntoma y Angustia del paso de la situación de peligro económico a la señal de esa posibilidad, es decir, de la experiencia de inversión económica al peligro de la pérdida de amor, ausencia de la madre.

Lo que es importante tener presente es que ese objeto real ("parte del objeto simbólico") requiere, para su constitución, la pérdida de la especificidad propia de la constitución del objeto del deseo como tal.

Lacan ubicará a la madre, en tanto agente simbólico, como encarnación primera del Otro simbólico, articulando la noción freudiana de desamparo al concepto de demanda. El agente simbólico es aquél que puede responder, o no, al "llamado" . Al responder, la necesidad es transformada en demanda, introduciendo en aquella, la discontinuidad del significante y la pérdida de especificidad del objeto (el Otro desde donde el sujeto recibe su propio mensaje invertido). Es justamente el par presencia-ausencia del Otro simbólico lo que constituye al agente de la frustración en cuanto tal (es importante precisar que lo que importa no es la presencia-ausencia del objeto sino la presencia-ausencia del Otro simbólico). El par presencia ausencia "connota la primera constitución del agente de la frustración, que en el origen es la madre" (5).

Ahora bien, en la medida en que esta presencia ausencia se estructura como diferente del objeto, es decir, en la medida en que el agente (la madre) puede responder, o no, ella deviene una potencia en tanto aquella de quien depende el acceso a los objetos. Correlativamente, el objeto pasa a ser un signo de su presencia, es decir un don. "El objeto tiene a partir de ese momento dos órdenes de propiedades satisfactorias, es dos veces posible de satisfacción: como precedentemente, satisfacía una necesidad, pero también simboliza una potencia favorable" (6).

Una nueva forma de alienación se instala, diferente de la imaginaria: "Lo que se encuentra así alienado en las necesidades constituye una 'Uverdrangung' por no poder, por hipótesis, articularse en la demanda" (7). El efecto de la Uverdrangung (represión primordial) es ese retoño que es el deseo. La demanda no es demanda de satisfacción sino demanda de la presencia o ausencia del Otro como agente.

A partir de la frustración de amor, en algún momento, el Otro aparece herido en su potencia, tanto sea por su imposibilidad estructural de responder a la demanda, tanto sea por el vaivén de la presencia-ausencia. La falta del Otro se sitúa mas allá de la demanda, y abre la dimensión del deseo.

El paso de la frustración de goce a la frustración de amor implica un intercambio de registros entre el agente (S --> R) y el objeto (R --> S), en tanto que la frustración sigue siendo imaginaria. El objeto en juego pasa a ser los signos de amor, los signos de la presencia del Otro, sus dones. Y en cambio, el Otro, pasa de simple lugar de la presencia-ausencia a ser una potencia real en tanto aquella de quien depende la respuesta.

El objeto de amor no es un objeto total sino el objeto primordial que como agente simbólico muta a agente real constituyéndose en un poder en lo real que brinda objetos que son dones de esa potencia. Esto implica, no obstante, un Otro que aún responde según su capricho (la característica propia del don es su posibilidad de ser revocado, anulado). El fondo querellante de la demanda de amor se establece sobre el fondo de esta legalidad (el amor es dar lo que no se tiene: nada por nada).

La frustración de amor es la que abre el acceso a la realidad simbólica, precisamente en tanto se funda en la anulación del goce del objeto. La frustración de goce, en cambio, deja al sujeto preso de la agresividad imaginaria con el semejante. El signo de la presencia domina sobre la satisfacción, siendo el punto de arraigo de la identificación con el significante del Ideal, primer sello del Otro omnipotente.

La regresión surge cada vez que la frustración de amor se hace presente, y asume la forma de una compensación a través de la satisfacción del goce de objeto (caída en la agresividad imaginaria). "El término de regresión es aplicable a lo que ocurre cuando el objeto real, y simultáneamente (du même coup) la actividad realidad para aprehenderlo vienen a substituirse a la exigencia simbólica" (8).

3 - Privación y Castración

La vieja cuestión del "reconocimiento" (por el Otro, en tanto sujeto) se transforma ahora en como ser "reconocido" como "objeto del deseo del Otro". Aquello que el Otro designa como objeto ya no es el objeto del sujeto sino aquello con lo que el sujeto identifica su ser. Por lo tanto, si el falo designa la falta del Otro, entonces la identificación en juego será al falo.

En la castración, el falo es un objeto imaginario, en tanto que lo simbólico es lo propio de la acción. Si el sujeto experimenta la frustración como daño imaginario, la castración la experimenta como una deuda simbólica (es decir, su inscripción en la filiación y su dialéctica). Esta deuda es un castigo impuesto por el lenguaje que solo podrá saldar con su imaginario corporal (con ese objeto privilegiado que es el falo, como -)

La privación, por su parte, implica una falta en lo real, que solo puede ser efecto de lo simbólico (en lo real no falta nada). La promoción a lo simbólico del objeto de la frustración por obra del agente que se vuelve real, nos lleva al casillero de la privación (con solo intercambiar acción y agente). La madre, herida en su potencia por la acción misma de la demanda, aparece como sujeto de una acción en lo real, cuyo agente es imaginario. Este paso por la privación (castración materna) es fundamental para pasar a la castración. Esa falta se presenta como , deseo del Otro. La privación materna abre la dialéctica de ser o no ser el objeto que obtura dicha falta: el falo simbólico ().

El enigma por el objeto del deseo materno implica el paso por la acción simbólica de la castración, mediante la cual el falo simbólico () deja su lugar al falo imaginario (-), o sea a la significación fálica. Esto implica una desindentificación del ser del sujeto con el falo simbólico ().

Las respuestas al enigma del deseo, en tanto significación fálica, pueden seguir la vía metafórica o metonímica. Para la madre, el niño puede ser metáfora de su amor por el padre o la metonimia de su deseo del falo. En el segundo caso, el niño no es portador del falo, sino que es en su totalidad metonímico (cuerpo = falo). Cuando el niño es la metonimia del deseo del falo de la madre, la sustitución metafórica no opera.

El falo deviene objeto universal del sujeto en tanto que su deseo es deseo del Otro, apareciendo la significación fálica como respuesta acerca del deseo del Otro. El sujeto debe competir con el falo para llegar a situarse como objeto del deseo del Otro.

Del lado de la metáfora, el objeto se enlaza con el Otro de la demanda de amor, no con el Otro del deseo. Por un lado, los signos de la presencia, en su articulación fundamental con el cuerpo, mas allá de lo imaginario especular, constituyen el código inconsciente de los significantes de la demanda, en el segundo piso del grafo. Por el otro lado, la metáfora inscribe la lógica del tener (así como la lógica del ser se articula con la metonimia).

La demanda de amor culmina, forzosamente, en la identificación con el Ideal del yo. El objeto de amor (el Otro) al que se renuncia es sustituido por el significante del Ideal. Ese Ideal, por lo tanto, es metáfora del ser del sujeto, en la medida en que este desea ser deseable. El Ideal sufre el mismo desdoblamiento que encontramos en relación al falo: por un lado es es significación (que se crea por su mismo carácter metafórico) y por el otro es significante

Bibliografía

D. Rabinovich, "El concepto de objeto en la teoría psicoanalítica", Ed. Manantial

Notas

(1) J. Lacan, "Le Séminaire, Livre IV, La relation d’objet", Ed. Seuil, página 66

(2) Idem, página 125

(3) D. Rabinovich, "El concepto de objeto en la teoría psicoanalítica", Ed. Manantial

(4) J. Lacan, "Le Séminaire, Livre IV, La relation d’objet", Ed. Seuil, página 175

(5) Idem, página 67

(6) Idem, página 69

(7) J. Lacan, "La significación del falo", Escritos I, Editorial Siglo XXI, página

(8) J. Lacan, "Le Séminaire, Livre IV, La relation d’objet", Ed. Seuil, página 189

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