Michel Sauval - Psicoanalista Jacques Lacan, Seminario "La angustia", Lectura y comentarios de Michel Sauval

Notas y comentarios
Sesión del 21 de noviembre de 1962

El deseo en Hegel y Lacan

Lo que da el pie a la discusión sobre la concepción del deseo en Hegel y Lacan es el trabajo que Lacan le había solicitado a un colaborador (1).
Ese trabajo trataba sobre "la puesta en suspenso de lo que podemos llamar la razón dialéctica en el plano estructuralista donde se sitúa Lévi-Strauss" (
2). Pero en esa labor, al referir al fantasma como soporte del deseo, Green se habría prestado a confusiones (que no fueron del "gusto" de Lacan) respecto del deseo como deseo del Otro: "Lo demuestra el hecho de que cree poder conformarse con recordar que ésa es una fórmula hegeliana" (3).
Eso es lo que da lugar a los desarrollos de la sesión del 21 de noviembre sobre el deseo en Hegel y en Lacan

Comienzo estos comentarios presentando algunas referencias breves sobre la noción de deseo en Hegel

La idea de dialéctica en Hegel

En la introducción a la primera parte de su "Enciclopedia de las Ciencias Filosóficas" (1817), Hegel ordena la lógica y la dialéctica del siguiente modo:

El primer aspecto es una afirmación de "lo dado", de un modo inmediato. El segundo implica una "acción" negadora de lo dado inmediato. El tercero es la totalidad, lo que resulta de la negación de lo dado, es decir, una afirmación en la que lo dado ya no aparece de un modo inmediato sino mediatizado por la acción negadora. Lo dado es inmediato. La obra o totalidad son mediatizadas por una acción que las niega en tanto que inmediatas. La acción negadora crea lo mediatizado, que es equivalente a lo mediato suprimido dialécticamente. Sólo hay dialéctica allí donde una totalidad involucra una negación.

Esta lógica, en Hegel, no es solo un método de pensamiento, sino una ontología, es decir, una ciencia del ser. El primer aspecto es "lo real-concreto", que aparece como la totalidad espacio-temporal del mundo natural. El segundo aspecto es "la acción humana", que no puede ser sin el "real-concreto" e implica su transformación. Esta transformación implica su negación activa al tiempo que lo conserva en la obra cumplida. En suma, atenerse a lo "real-concreto" supone descubrir en su seno un aspecto negador constituyente dialéctico, introducir en lo real el trabajo del hombre, y con él, la conciencia y el discurso que revelan lo real.
Lo real-concreto, como totalidad espacio-temporal, contiene además de la naturaleza, el conjunto de las acciones y discursos reales, vale decir, la historia. El hombre habla en la historia de lo real, y lo revela en el sentido de sus discursos. Lo que Hegel llama el "Espíritu": a la vez la realidad y el discurso que revela lo real, realidad desdoblada y no obstante una en sí misma. El espíritu es a la vez doble y uno, subjetivo y objetivo, pensamiento real de una entidad real y entidad real realmente pensada: "todo lo real es racional, todo lo racional es real".

Si lo dialéctico remite a un movimiento de progresiva autorrevelación del ser por la palabra en la historia, cabe pensar en un momento en el cual el espíritu llega a su culminación, momento de plenitud de verdad, en el cual la totalidad de lo real sea conocida y adecuadamente revelada por el discurso. "Esa dialéctica es convergente y va a la coyuntura definida como saber absoluto. Tal como es deducida, no puede ser sino la conjunción de lo simbólico con un real del que no hay nada que esperar" (4). Todo lo mediatizable habría sido efectivamente mediatizado y la palabra se identificaría con lo real de una manera completa y plena, sin resto.

La dialéctica del amo y el esclavo

Los elementos en juego son

La vía de acceso a la autoconciencia es el deseo.
El primer paso es la consciencia, es decir, la revelación del ser por la palabra. Pero la contemplación revela al objeto, no al sujeto. El hombre que contempla solo puede ser vuelto hacía sí mismo por la aparición de un deseo.
El deseo empuja a la acción y a la transformación de la cosa contemplada suprimiendola en su ser (toda acción es negatriz, destruye lo dado, sea en su ser o en su forma dada). En ese sentido, el deseo es presentificación de una ausencia en tanto que ausencia. El yo del deseo es un vacío ávido de contenido. El hombre es deseo activo y negador, y en tanto tal, un vacío en el ser, una negatividad presente en el ser.

Si el deseo se satisface con un objeto natural, el yo también será natural. Para que haya autoconsciencia es necesario que el deseo se fije sobre un objeto no-natural. La única cosa que supera al ser dado es el deseo mismo. Por eso, el deseo humano se constituye sobre otro deseo. El hombre se alimenta de deseos como el animal de cosas reales.
Desear un deseo implica la negación de ese otro deseo, obtener el reconocimiento de mi deseo como valor deseado por el otro deseo. La lucha del amo y el esclavo surge de este enfrentamiento de deseos, donde ambos deben quedar con vida, uno reconociendo al otro sin ser reconocido y el otro reconocido sin reconocer. Esto implica que desde el comienzo, el hombre nunca es simplemente hombre sino, siempre, y necesariamente, amo o esclavo. Y la historia es la historia de la interacción entre tiranía y esclavitud. La dialéctica histórica es la dialéctica del amo y el esclavo.

Sometiendo al esclavo y forzándolo a trabajar, el amo esclaviza la naturaleza. Pero como solo es reconocido por un esclavo, el dominio es un callejón sin salida: solo le queda embrutecerse en el placer o morir en el campo de batalla. Por eso para Hegel la verdad del amo es el esclavo: el ideal humano nacido en el amo no puede realizarse ni revelarse en el amo sino en y por la esclavitud. Es el esclavo quien sabe de la verdadera realidad humana y a través del miedo a la muerte ha comprendido la nada humana que está en el fondo de su ser natural. Trabajando el esclavo niega y transforma lo dado y le abre el camino de la libertad: "El amo no es sino el catalizador de la historia que será realizada, acabada y revelada por el esclavo" (Kojève).

El deseo en Hegel

De lo anterior se deduce que el deseo, en Hegel, se articula con la consciencia.
Es justamente lo que señala Lacan para diferenciar su posición: "en Hegel, en lo referente a la dependencia de mi deseo respecto del deseante que es el Otro, con lo que me enfrento, de la forma mas segura y más articulada, es con el Otro como conciencia (...) En Hegel, el Otro es aquél que me ve" (
5). En Hegel, el sujeto "tiene necesidad del Otro para que lo reconozca".
La fórmula del deseo en este caso es:

d(a):d(A)<a
(fórmula n° 1)

"¿Qué significa esto? Que el Otro instituirá algo, designado por a, que es de lo que se trata en el plano de aquello que desea".
Los dos deseos, el mio y el del Otro, son equivalentes (:), y ambos desean (<) eso (a) que fue instituido por el Otro. Por lo tanto, "allí donde soy reconocido, no soy reconocido sino como objeto".
La siguiente precisión sobre la traducción de la edición Paidos ayudará a entender el problema. En efecto, en la página 33 la edición Paidos dice "no puedo soportarme reconocido en el mundo, el único modo de reconocmiento que puedo obtener" (subrayado mío), cuando en lugar de ese "mundo" lo que debería figurar es "modo", tal como figura en la estenotipia, y tal como lo transcribe la edición Seuil (mas allá del reordenamiento de frases que se autoriza a hacer en todo ese párrafo, respecto de la estenotipia). No se trata de "mundo" sino de "modo", el "modo" en que puedo ser reconocido. Solo puedo ser reconocido como objeto. Pero no puedo soportarme como tal, ya que soy una "Selbst-bewusstesein", una autoconciencia. No hay manera de ser reconocido como conciencia, y "ya no hay mas mediación que la de la violencia. Tal es la suerte del deseo en Hegel" (
6).

El deseo en Lacan

La fórmula del deseo para Lacan es

d(a)<i(a):d()
(fórmula n° 2)

A diferencia de Hegel, en Lacan, "el Otro está allí como inconciencia constituida en cuanto tal. El Otro concierne a mi deseo en la medida de lo que le falta. Es en el plano de lo que le falta, sin que él lo sepa, donde estoy concernido del modo que más se impone, porque para mí no hay otra vía para encontrar lo que me falta en cuanto objeto de mi deseo".

Esta relación al deseo del Otro (barrado, es decir, inconsciente), ya no es de equivalencia, sino que se da por la mediación de i(a), que "no es la imagen especular, es del orden de la imagen, es aquí el fantasma. No dudo, en esta ocasión, en recubrirlo con la notación de la imagen especular". Este deseo es deseo "en tanto que su imagen-soporte es el equivalente del deseo del Otro" (7).
En pocas sesiones más, Lacan hablará del objeto a como causa del deseo. Pero aún cuando ese objeto sea real, "la causa no opera sin la vestimenta narcisista que le da la i". Por lo tanto, la mediación entre los deseos convoca "la función de la imagen en su doble articulación, con el fantasma y con el yo, que hace de puente entre ambos" (
8).
Esto permite entender qué significa desear como objeto, o en la posición de objeto: "Lo que mi deseo desea, en la medida en que deseo al Otro como deseante, es incluirme en el i(a), ese i(a) que puede capturar al Otro como deseante. Entonces, no deseo desde la pura posición del objeto a, sino desde los mimetismos que puedo asumir, colocándome en posición de vestir las galas narcisísticas que revisten al objeto a fin de tenderle la trampa al deseo del Otro" (
9)
La única manera en que el sujeto puede acceder a pensar el deseo es a través de una imagen, ya que a, por si solo, es indecible, está articulado pero no es articulable.

Esta articulación del deseo como deseo del Otro, implica una determinación absoluta del sujeto, lo cual constituye otro punto de distanciamiento respecto de las posiciones de Hegel.
Ver, en ese sentido, las notas y comentarios sobre
el genitivo de "deseo del Otro" y sobre la infinitud y determinación del deseo.

Estas fórmulas son retomadas, con algunas variantes, como fórmulas n° 3 y 4

Notas

(1) Jacques Lacan, El Seminario, Libro X, La angustia, Editorial Paidos, página 16, sesión del 14 de noviembre.
Por una indicación a mano en la estenotipia, suponemos que el colaborador del que se trata es Andre Green, y que el trabajo en cuestión es "La psychanalyse devant l'opposition de l'histoire et de la structure", publicado un tiempo despues, en el número 194 de "Critique", y del que hay traducción castellana (de José Castorina) "El psicoanálisis ante la oposición de la historia y la estructura" en la recopilación de Autores Varios titulada "Estructuralismo y psicoanálisis", Ediciones Nueva Visión, 1970 (disponible
aquí en formato PDF)
Un detalle extra, probablemente sin importancia: según se indica en esta sesión, el trabajo le habría llegado en la mañana del 14 de noviembre, aunque en la sesión de ese día, la del 14 de noviembre, dice que le llegó la noche anterior (ver página 17 de la edición Paidos)

(2) Idem, página 31

(3) Idem, página 32.

(4) Jacques Lacan, "Subversión del sujeto y dialéctica del deseo en el inconsciente Freudiano", Escritos II, Siglo XXI Editores, página 777

(5) Jacques Lacan, El Seminario, Libro X, La angustia, Editorial Paidos, página 32

(6) Idem, página 33

(7) Idem, página 34

(8) Diana Rabinovich, "La angustia y el deseo del Otro", Editorial Manantial, página 17

(9) Idem, página 18

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